martes, agosto 28, 2007

El Sin Vesícula

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Capítulo III

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"HOS TAL"

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Cuatro y treinta, madrugada fría y serena. El Ford Maverick blanco del 75 se estacionó en frente del edificio; la gran “M” roja pintada en el capó y el número “5” en cada puerta, no le permitía pasar desapercibido. Flojazo sacó su teléfono celular, marcó algunas teclas y seguidamente después del tono, se anunció, “el águila está en el nido”.

-¡Mira!, llegó tu loco, qué digo, tu amigote, Flojazo- exclamó con sorna, Rosa Magenta.

-Te dije que llamaras a un taxi, pero bueno, ya está aquí, de manera que vamos, andando, a la clínica pues- respondió Norberto de Jesús.

A pesar de la hora, Flojazo llevaba puestos unos lentes oscuros, un abrigo de cuero y guantes del mismo material. Rosa Magenta lo miró, como si lo estuviese pasando por un escáner. Norberto abrió el portón, luego la reja del edificio y salieron.

-¡Quiubo mano!

-Hola Norberto, cómo andas. Hola Rosa, siempre tan emperifollada, qué linda. Muchacho con suerte este Norberto, ¿no?

-Gracias Flojazo, yo muy bien, pero Norberto...

-Vamos Rosa, móntate. Pero, espera un momento, ¿Y el mimo?

-¿Cuál mimo?

-Tu hija, la cariblanca con ojos pintados.

-“Nuestra” hija, Norberto de Jesús. Se quedó, dijo que tenía mucho sueño y que iba a dormir un poco. La llamaré luego. Como a la una de la tarde para no despertarla tan temprano.

-Bueno Flojazo, vamos, rumbo a la clínica.

-Enseguida, volaremos más rápido que un chisme entre comadres...

-Eeeeesoooo, así, qué bien. Chistes machistas tan temprano.

-No volverá a pasar número uno...

-Aaaaayyyyy, me duele el dolor.

-Tranquilo número dos, ya nos vamos.

-“Número dos” es lo que voy a hacer ahora mismo si no te apuras.

El automóvil salió a la velocidad de una carreta tirada por borricos. Durante la travesía, Flojazo advertía acerca de la necesidad de utilizar el cinturón de seguridad, “hoy estoy más Fast and Furious que nunca...”

El trayecto de no más de dos kilómetros, fue completado en unos treinta minutos. A Rosa Magenta ya no le quedaban uñas y a Norberto, ni una gota de paciencia.

-Disculpen muchachos, pero la urgencia del caso demandaba el uso endemoniado de toda la potencia de mi veloz “máquina de carreras”.

-Rosa, déjalo así, no digas nada. Vamos a entrar, ya no aguanto el dolor- suplicaba Norberto.

Una vez dentro, la cosa se puso un tanto tétrica. De hecho, la madrugada se oscureció aún más y de repente, se desató una tormenta con rayos y truenos. El viejo edificio en donde funcionaba la clínica, todavía conservaba el vetusto anuncio de neón que formaba la palabra “HOSPITAL”. Un rayo cayó cerca del aviso y produjo un corto circuito que hizo que se apagaran las dos letras del medio, quedando formada la palabra:
“HOS TAL” (luego se escuchó un “muuuaaaaajajajaaaajaaaaaajaja”).

-Buenas, por favor, una camilla, please, y un médico que nos atienda...- Solicitaba Rosa Magenta.

-¡Oye chico!, cosa más grande esta lluvia caballero. A ver, pasen por acá. Súbanse rápido en la “guagua” que no recojo pasajeros. Entren que caben cien...

Un morenito chiquitico parecido a “Sebastián” el cangrejo de La Sirenita, fue quien recibió a los protagonistas. Montó a ambos en la silla de ruedas y los condujo rápidamente a la sala de emergencias mientras tarareaba una canción de Celia Cruz.

-¡Eh! Chico, atiéndeme a este hombre que se está muriendo. No seas “comemierda” y ven acá chico.

Desde el final del pasillo, con serenidad y parsimonia, el enfermero de guardia emprendió la marcha para salir al encuentro de los recién llegados. Sólo le faltaba la tez azul para ser la viva imagen del recontra famoso “Huckleberry Hound”, si hasta se le escuchaba canturrear: “Cleeemeeentiiina, Cleeemeeentiiina...”

-Orale mano. No se me achicopalen, ya escuché que llegaron, pérame tantito. A ver, jóvenes, qué les trae por acá.

-Aaaaaayyyyy, me duele el dooolooooorrrrr...

-¡Ah, ta’ gueno! A ver, camillero, ayúdeme a pasar a este carnal para acá, para la camilla, ándele, qué hace allí agachado hombre.

-Cómo que agachao’ chico, estoy parao’, no me jodas.

-Ah, pos... así quédese... Le vamos a suministrar a este joven, un calmante, para que se esté calmadito; una buena dosis de tranquilizantes, para que se esté tranquilito, un poquito de relajante, para que se mantenga relajadito y... ¡Ah! A ver compadrito, páseme esa botella de tequila.

-¡Ñó! ¿Y también le vas a meter aguardiente? Chico, pero tu estás fumao’

-No, pero si ese es para mi. Traiga pa’ ca desgraciao’. Juuuiiii, juuuuiii, qué juerte mano, como pa’ machos, no qué no.

La cosa pudo haber seguido así, pero al escritor le pareció que la inclusión de estos dos últimos personajes, afectaría el sentido trágico y escalofriante de la historia. Acto seguido, se comunicó con el narrador y le exigió no volverlos a nombrar. Es más, que en lo sucesivo, en lugar de camillero, aparecería un portero enjuto con cara de preservativo usado y, por enfermero, tendría que salir a escena una fémina con aspecto gótico y expresión psicótica.

Al narrador no le gustó la idea y subió a la oficina del escritor para entablar una seria discusión. Entretanto, Norberto de Jesús se había quedado dormido bajo el efecto de tanto calmante, y Rosa Magenta llamaba a Flojazo para que la ayudara a buscar un médico o, se quedara a cuidar a Norberto, o hiciera cualquier cosa más útil que estar dentro del automóvil jugando con un “Gameboy”.

En la oficina del escritor, éste seguía escribiendo sin pararle ni media esférica al narrador, quien botando espuma por la boca, amenazaba con no continuar echando el cuento. En la sala de espera de la clínica, el morenito chiquito que hacía de camillero y el enfermero que se parecía a Huckleberry, aguardaban a que surgiera una decisión para ver si recogían sus “macundales” o si por el contrario, tomaban nuevamente sus originarios papeles. En todo caso, sus esperanzas estaban cifradas en la inamovilidad laboral que aún existía en el país.

El narrador mantenía su posición y el escritor continuaba campante. A él le gustaba más imprimirle ese estilo muy a lo Stephen King; de manera que siguió escribiendo, “aquel antiguo edificio tenía un aspecto lúgubre y misterioso, como si dentro de sus envejecidas paredes, se ocultara un terrible secreto...”

Yo, que no “portaba velas en este entierro”, sino que simplemente iba pasando por el lugar, me decidí a continuar la historia, por lo menos hasta que el narrador y el escritor se pusieran de acuerdo, y como éste último seguía escribiendo, no sería muy difícil proseguir.

Después de lo del “terrible secreto” y recordando lo del aspecto tétrico y sombrío del ambiente, continuamos con la narración:

Flojazo entró a la sala de emergencias y rápidamente ubicó a sus amigos. Decidió quedarse a cuidar a Norberto mientras Rosa iba en busca de atención médica para su amado.

-¿Hay alguien aquí? Please, somebody can help me?

-Buenas noches- a Rosa la tomó por sorpresa una voz ronca y profunda, como venida de ultratumba.

-¡Hay, santa madre de Dios! Y usted de dónde salió. ¡Susto! Y serán buenos días. Despierte mi bien, despierte, mire que ya amaneció...

Una figura fantasmal salió de la penumbra y le respondió.

-Soy el Dr. Quénoche, y le aclaro, que por ser una criatura de la noche, rara, muy rara vez, digo buenos días.

-Entiendo.

-Y dígame, cómo podemos asustarle, eh, perdón, ayudarle.

Rosa Magenta, como era su costumbre, comenzó a escanear al personaje: Alto, cabeza grande, dientes pequeños, escaso cabello, brazos largos, ojos ocultos tras unos espejuelos oscuros y redondos, una gran bata blanca, un delantal de cuero con manchas recientes de sangre y las manos cubiertas por unos guantes del mismo color y material que el delantal. También llevaba una botas de hule negras.

Ya era de día, pero la claridad “brillaba” por su ausencia. La fuerte lluvia, los relámpagos y los truenos, permanecían azotando la escena. Y el escritor, nada que quería cambiar aquello, él mantenía lo del “terror” y el narrador que no, que por qué no dejaba la cosa bien cómica, que dejara los personajes de “Huckleberry” y “Sebastián” y les escribiera diálogos al estilo de los “Huevo cartoons”, y el escritor que no fuese imbécil, que no iba a cambiar nada, que la vaina venía con sangre, gritos y mucha penumbra y que si lo hacía arrechar, metía a Jason a Freddy y a los Tomates Asesinos, y el narrador, que se estaba llenando de ripios la historia, el escritor, que a él no le importaba, y el narrador, que el lector se perdería y no entendería nada, y el escritor, que eso le sabía a joroba de dromedario.

“Huckleberry” y “Sebastián”, ya se habían “chupado” media botella de tequila en la sala de espera. Flojazo iba por el nivel 15 en el Tetris del gameboy. Norberto continuaba dormido. Rosa Magenta se comenzaba a disgustar porque se estaba perdiendo el control de la historia. El Dr. Quénoche bostezaba, esperando que comenzara la acción. Mefistófela era despertada por la versión de “Master of Puppets” en su celular. Y yo, cada vez más perdido con este dislate sin pie ni cabeza y arrepintiéndome por haberme adentrado en donde nadie me llamó.

-Dr. Quénoche, estoy harta de esta situación. No es posible que por el hecho de estar en desacuerdo dos sectores, no se dispongan a atender a mi adorado Norberto de Jesús, permitiendo que siga sufriendo los embates de una litiasis vesicular; porque estoy segura de que ése es el mal que le aqueja. Después de ser sometido a un ecosonograma abdominal, el diagnóstico será irrefutable, de manera que la opción de practicarle una colecistectomía, me parece la más indicada.

-¡Caramba, mi señora! Usted sí que maneja muy bien la terminología.

-Eso es porque protagonicé una novela hace un tiempo llamada “Amor Ectópico”. Se desarrollaba en un hospital y yo, era la jefa de cirugía. Hacía pareja con un tipo alto, fornido, galanazo, todo peludote, machote él. Es el mexicano este que trabajó en...

-Señora, ¡eh!, disculpe, pero tengo una sierra eléctrica encendida allá atrás, y el último recibo de luz me vino muy alto.

-Pero espere, Dr. Quénoche, por favor. Atienda usted a mi bienamado, por lo que más quiera. Mire, yo le puedo pagar con la herencia que me dejó el mayordomo; bueno, en realidad era mi padre.

-Está bien, pero déjeme ir a apagar la sierra.

-Doctor, por cierto, y usted, ¿en qué se especializa?

-Embalsamador y taxidermista. Pero no se preocupe, también soy veterinario y en mis ratos de ocio y de “mata tigre”, como éste, le hago al cirujano .

-Ah, bueno doctor, qué alivio...

Flojazo se había quedado dormido junto a Norberto (el gameboy lo dejó agotado). El doctor, luego de auscultarlo, le tomó la temperatura con un termómetro “rectal”. Bueno, luego se dio cuenta de que en realidad era “oral” y sacándolo inmediatamente de donde estaba, se lo introdujo en la boca (este doctor, sí que era terrorífico).

-¡Doctor! Ese no es mi querido Norberto, ese es Flojazo.

-¡Qué el diablo me lleve! Y yo fascinado porque pensé que se trataba de hermanos siameses. Un extraordinario caso para la ciencia.

Flojazo escupió el termómetro y se incorporó de un solo brinco. Se subió el pantalón y con los ojos desorbitados y un amargo sabor en la boca comenzó a lanzar manotazos.

-Atrás maléficas criaturas, déjenme en paz, en nombre del todopoderoso. Salgan demonios, yo invoco sus nombres para desterrarlos y devolverlos a donde pertenecen. Esto no es un gameboy, en realidad es un arma letal, un destructor de “belcebúces”, vampiros y hombres lobo. Atraaaaaaaássssssss...

-Flojazo, ya cálmate. Este es el Dr. Quénoche y va a atender a Norberto. Por favor, ve a tomarte un café, una manzanilla o algo. Lávate la cara que la tienes hinchada de tanto dormir. Ah, y cepíllate.

-Yo no estaba durmiendo. Sólo cuidaba a mi amigo. Siempre estoy listo para enfrentar al enemigo. Soy un tipo pacífico, pero armado. No lo olviden...

-Si, si, si, Flojazo- decía Rosa en tono cansino.

Flojazo salió rezongando y, buscando un baño, abrió sin querer la puerta de la oficina
del escritor. Éste y el narrador seguían discutiendo, “cierren esa puerta”, gritaron al unísono, y el pobre Flojazo no pudo hacer más que ejecutar la orden y continuar buscando el baño. En eso llegó a la sala de espera y se topó con una escena angustiante, desesperante: “Huckleberry”, estaba parado encima de una silla de ruedas y “Sebastián”, le movía la silla tratando de hacer que se cayera.

-Noooo güey, noooo güey... Pinche pendejo güey... Yaaaa güey... Me voy a caer cabrón... Noooo güey... Yaaaaa güey... Pinche bato pendejo güey... Qué me caigo, nooooo güey...

Flojazo sacó su celular y filmó el episodio pensando, “esto tengo que subirlo a Youtube”. Prosiguió su camino y abriendo otra puerta se encontró accidentalmente con la oficina del doctor Quénoche. En la pared, se encontraban colgados varios órganos disecados, como si se tratasen de cabezas de animales. Cada uno tenía un pequeña plaquita pegada a la madera con su nombre: “Estómago”, “Páncreas”, “Riñón”, “Pulmón”, “Corazón”, etc. Curiosamente, una de las tablas estaba vacía y en la plaquita se podía leer, “Vesícula”.

Flojazo comenzó a sospechar. Algo raro estaba pasando. Mejor terminaba de conseguir el baño, ya no aguantaba las ganas de orinar y el extraño sabor en su boca...

Rosa Magenta volvió a llamar a su hija al celular, quería exigirle su presencia en la clínica a la brevedad posible. Después de todo, Norberto era su padre, así que debía estar pendiente de él.

-Qué pasó marica.

-¡Cómo es la cosa! Es tú madre quien te habla, no ninguna de tus amigas.

-Perdón Rosa, me equivoqué, es que tu ringtone se parece al de “Oscuridad malévola ”.

-Madre, te he dicho que te dirijas a mí como, Madre.

-Lo que tú digas, Rosa.

-¿Y así es como saludas a tus amigas? Bueno, después hablamos de eso. ¡Mira! Necesito que te vengas, trae las pantuflas de conejito de tu padre y su libro de cuentos que se me quedaron en el cuarto.

-¡Rosa, qué fastidio! Yo voy a salir con mis amigos, vamos a la playa.

-Mefis, pero ustedes no y que son “Oscuros”, qué rayos van a hacer en la playa, donde hace tanto sol y la gente lo que escucha es reggaetón.

-Rosa, tu siempre arruinándolo todo...

Rosa, echando mano de sus “armas secretas” (ya sabemos que toda mujer las tiene, eso lo aprendimos en el capítulo anterior), le describió un poco la situación para ver si la entusiasmaba.

-Hija, las cosas por acá no se ven muy bien. Está lloviendo a cantaros, con rayos y truenos, lo extraño es que solamente llueve sobre la clínica. Por cierto, este edificio parece una mansión siniestra. Tiene más puertas y escaleras que una escuela de magia. Todo acá es muy sombrío. El doctor que atiende a tu padre, parece buena persona, pero tiene la apariencia de uno de esos asesinos que mata sólo por placer. Además, de vez en cuando se escuchan gritos, no he querido decir nada, pero, creo que aquí ocurren cosas extrañas...

-Más fiiiinooooo- respondió la hija.

-Pensé en llamar a los Cazafantasmas o a Scooby Doo, pero caí en cuenta de que ya tengo mucho rato cerca de Flojazo y me debo estar contagiando. Además, ¿quién se acuerda de los Cazafantasmas? ¡Por D-E-OOSSS!

-Rosa, creo que voy para allá. Dame unas dos horitas para bañarme, dos más para escoger qué ropa negra me pongo, si la franela negra, negra, o sólo la negra, si el pantalón negro que no está planchado, o el que tampoco está. Luego me das otra hora para vestirme y... ¡Ay! Rosa, te llamo ahora, se abrió una sesión de MSN en la “compu” y me parece que es “Osuridad Malévola”. ¡Bestia!

-¡Coño! Y ahora por qué me insultas.

-No, digo que, ¡bestia!, se abrió otra sesión y es “The Vampire”. Otra más, es “Caperucita Negra”, ¡mira!, se abrió otra, “Monje Asesino”. Y otra, “El Aniquilador Extremo”. ¡Qué arrecho! Tiempo sin ver a ese pana. Es un “frito” y burda de “comegato” pero bueno, a nosotros también nos dicen “comegatos”...

-Mefistófela, mejor me llamas cuando vayas saliendo para estar pendiente, pero coño, me llamas que para eso te compro un celular cada sesenta días y le recargo el saldo cada tres.

-Sí, Rosa... relajada, no problem.

-Madre, te he dicho que te dirijas a mí como, Madre.

-Lo que tú digas, Rosa.

Flojazo continuaba buscando el puto baño (perdón, pero es que ya me estoy cansando). Se consiguió con otra puerta, pero era la de la cocina. Queriendo hacerse el gracioso preguntó, “¿qué vamos a comer hoy?”, y le respondieron, “¡chino!”.

Cerró y siguió su camino preguntándose por qué no se había topado con ningún chino. “¡Ay, mamá! En esta vaina hay caníbales”.

Norberto tenía una “bolsa” con un contenido transparente, conectada a su vena. A “Huckleberry” y a “Sebastián”, que andaban hasta el occipucio de alcohol, les pareció gracioso llenar dicha “bolsa”, con tequila.

-Shssssss, rápido compadre. Pásele. La botella menso... ¡hip!

-¡Caballero!, esto es puro agave. ¡Ñó!

-Sí, agave. Agave bien compadre, agáveme que me caigo.

-No cojas lucha, asere. Échele, échele, que yo... le aguanto aquí.

Como era de esperarse, la pequeña broma dio pie a que Norberto de Jesús, se mantuviera ausente a todo lo que estaba aconteciendo. Cosa que no pude hacer yo. El narrador no regresaba, seguía metido en la oficina del escritor. El escritor, continuaba escribiendo, cosa que me parecía inverosímil porque, cómo carajo hacía para concentrarse en ello si se suponía que estaba discutiendo con el narrador. Por otro lado, cosas misteriosas se seguían suscitando, locos personajes permanecían en escena. Es decir, que las exigencias de ambos sectores se estaban cumpliendo. Particularmente, a este servidor ya le está pareciendo que aquí existe una componenda; una especie de pacto. Narrador y escritor continúan con su labor y yo, un tonto útil que está siendo utilizado como carne de cañón, ¡claro!, que sea yo el que corra con las consecuencias de tanto chiste soso, cosas incoherentes y mala praxis literaria.

-¡Dios santo! Norberto de Jesús Santos Umpierres Acosta Martínez y Calero, ¿hasta cuándo duermes?, calmante pa’ bueno mijito. No, qué va. Voy a buscar a otro especialista.


-¡Salud! ¡Bluurrrp! Perdón, pensé que estaba solo. ¡Ay!, ya no me duele...

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(Y después de esto... el final. Bueno, si es que logramos poner orden...)

lunes, agosto 13, 2007

El Sin Vesícula

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Capítulo II
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"¿El Exorcista?"


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“Yo me moriré, y la noche

triste, serena y callada,

dormirá el mundo a los rayos

de su luna solitaria.


Mi cuerpo estará amarillo,

y por la abierta ventana

entrará una brisa fresca

preguntando por mi alma.”



Sirvan estos versos de Juan Ramón Jiménez, para dar una idea de lo que pasaba por la cabeza de Norberto de Jesús, a causa del suplicio por el cual estaba transitando. En casa nadie dormía, todos esperaban una pronta recuperación después de habérsele aplicado de manera intramuscular, sendas cantidades de antiespasmódicos. Pero la mejoría no llegaba…


Cada cinco minutos, Rosa Magenta le insistía a Norberto salir de una buena vez para la clínica; pero la terquedad de él, era irreducible. De nada valían ruegos, carantoñas, regaños ni amenazas, todo resultaba inútil, Norberto se encontraba inmerso en un capullo hecho de cólicos, molestias estomacales, sordera y necedad.


Rosa Magenta no sabía qué hacer, conciente del dolor de su amado, no hallaba formula posible para sacarlo del trance. Hasta que, en un momento de desesperación, decidió echar mano a una de sus armas secretas (toda mujer que se respete, tiene alguna), así que, utilizando su cara de mujer sufrida número seis, entró a la habitación de Norberto de Jesús y, con todo el talante visceral que la situación ameritaba, le encasquetó la siguiente confesión:


-Norberto de Jesús, tú tienes una hija…


-Qué queeé… Cómo, cuándo, dónde, con quién.


-Corrijo, “tenemos”, una hija-. Aquí va un, “taa ta ta taaaaaaannnnnn”


-Pero si tú no puedes tener hijos, a tu hermana gemela la pisó un camión y, a la tía abuela le dan ataques.


-Norberto, no sé de dónde sacas todas esas pendejadas, te las voy a pasar porque estás enfermo y sé que encima, te acabo de lanzar una “bomba”, pero Norbertico, mi vida, esto te lo digo para que veas que además de nuestro amor, hay otras razones por las cuales debes mantenerte sano y fuerte, como un campeón.


-Pe-pe-pero, ¿una hija? Y quién es, ¿dónde está?


-Es la joven que vive en la habitación de al lado; de donde sale esa música de Metallica. Esa que te pide dinero todas las mañanas y tu pensabas que era porque estabas suscrito a algo, pero no recordabas a qué. La que dura dos horas en el baño y se gasta toda el agua caliente. La que se toma todo tu jugo favorito, te quita las monedas y no deja que utilices la computadora.


-¡Me lleva el chanfle! Y tú, todo el tiempo tenías una excusa para cada una de esas cosas. Diecinueve años Rosa, diecinueve años y siempre me lo ocultaste ¿Por qué, Rosa? Why?, why me?


-Because, tenía miedo de que pensaras mal de mí, de que creyeras que era una cualquiera, una perdida, una pizpireta.


-Jajajaja, ¿una pizpireta?, jejejeje ¿Cómo demonios iba yo a pensar eso, si no sé que rayos significa? ¡Ouch! Me duele el dolor, ¡aaayyy!


-Simplemente, no quería que te hicieras una imagen errónea de mí.


-¡Pero si estamos casados!


-¡Y QUÉ QUERÍAS QUE HICIERA!


-Está bien, está bien, cálmate Rosita, no llores. A ver mijita, y dónde dices que vive la mocosa esa.


-En el cuarto de al lado.


-Bueno, dile que se ponga.


-¿Dónde?


-Digo, que venga.


-¡Mefistófela Asmodea!


-¡Coño! Con ese nombre... debe ser la carajita que viste de negro, usa cruces invertidas, se pinta la cara de blanco y se hace unos óvalos con tinta negra en lo ojos.


-Esta es tu hija Norberto, nuestra hija ¡Qué talco!


-Dime, Rosa.


-Madre, te he dicho que te dirijas a mí como, Madre.


-Lo que tú digas, Rosa. Qué quieres, estoy hablando con “The Vampire”.


-¡Caramba, mija! Pero si son las tres de la madrugada.


-En contraposición a la hora en que murió Cristo, es nuestro momento, el de los espíritus impíos y perversos, hora de escuchar a su Majestad Satánica.


-¡Carajo! ¿Hay cadena a esta hora?- Exclamó Norberto de Jesús, haciendo una mueca de dolor y sobándose la barriga.


-Uno de estos días te voy a espernancar un puntapié en el hueso ilíaco, para ver si se te quitan de una vez todas esas pendejadas- le espetó con voz firme Rosa Magenta a su hija Mefistófela.- Tu padre se está muriendo con un dolor abdominal y unos cólicos, y nauseas y, un qué sé yo. La cuestión es que no quiere irse a la clínica sino hasta que amanezca, pero yo creo que se trata de cálculos en la vesícula y eso es de operación urgente; así que ayúdame a convencerlo de que tenemos que salir ya.


-¡Ah! Okey, entonces si es mi padre… Shit! Oye Pá.


-Umjú.


-Má dice que tenemos que ir a la clínica.


-Anjá.


-Bueno Rosa, ya hice todo lo que podía ¿Lo ves?, eso de la “comunicación” en realidad no creo que se nos de muy bien. Sin más por el momento, me retiro a mis aposentos…


-Madre, te he dicho que te dirijas a mí como, Madre.


-Lo que tú digas, Rosa.


Norberto de Jesús comenzó a hacer memoria. Recordó la cara de la muchacha y, ¡cáspitas!, ¡santos refocilamientos!, ¡la parejita del cine! ¡Oh My God!. Las nauseas acrecentaron; el “autodegollamiento” en la pierna y los azotes en el lomo que se infligía el monje Silas parecían un juego de niños ante el martirio que vivía Norberto.


Al cabo de unos minutos, la habitación de Norberto, se transformó en el set de grabación del “Exorcista VI”. Su cabeza giraba sobre el mismo eje, un líquido verde y viscoso salía expelido por su boca, sonidos guturales inundaban el recinto, las luces se encendía y apagaban (es que el suiche estaba dañado) y los gases que expulsaba Norberto por el tubo de escape, le hacían levitar (parecía un avión de combate F-35, efectuando un aterrizaje vertical).


-Más fiiiiinooooooo- Expresaba Mefistófela desde la puerta del cuarto, con cara de niño de nueve años que acaba de ver a un Transformers.


-¡Dios santo! Norberto de Jesús Santos Umpierres Acosta Martínez y Calero, me haces el favor y te levantas ya de esa cama. Nos vamos pronto a ver un especialista.


-¿En exorcismos?


-No, imbécil, en vesí… ¡Coño! ¿Otra vez? Quítate la bata blanca y la cara de demonio esa que tienes. Nos vamos. Ya estoy llamando a tu amigo Flojazo para que nos lleve a la clínica. Mefis, prepara las cosas de tu padre que salimos en unos minutos.


-Rosa, ¡qué fastidio!


-Madre, te he dicho que te dirijas a mí como, Madre.


-Lo que tú digas, Rosa.


-¿Y tiene que ser Flojazo? Ese tipo está loco Rosa, mejor llama un taxi.


-Bueno Norberto, es tú amigo ¿no? A menos que prefieras pedirle el favor a “The Vampire”…


-¡Repámpanos! No, mejor llama a Flojazo.

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(Continuará...)

miércoles, agosto 08, 2007

El sin vesícula

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Capítulo I

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"Harry Potter y la Orden del Fénix"



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Todo comenzó un lunes por la mañana. Después de un simple desayuno con caraotas negras, huevos fritos, queso blanco, arepa frita y aguacate, Norberto de Jesús se tomó su jugo de mango, el café con leche, y salió para la oficina. El día transcurrió como cualquier principio de semana, luego del saludo cotidiano y los comentarios de rigor, la modorra se fue disipando y a la media mañana, el ritmo estaba ya más o menos retomado. Con el cafecito de esa hora, a Norberto se le antojó una pequeña porción de torta casera, de esas sin crema ni relleno, “porque hay que cuidarse”, le diría a sus compañeros.

Ya acomodado en su puesto de trabajo, el momento de ordenar y planificar se hizo impostergable, sin embargo, con todos los papeles organizados en el escritorio, la computadora encendida y la lista de “Requerimientos pendientes” en sus manos, a Norberto de Jesús lo sorprendió el medio día; “hora de almuerzo”, gritaron de un puesto cercano al de él. Todos comenzaron a levantarse, dando inicio al acostumbrado arbitraje, es decir, dónde se comería ese día. “Vamos donde el gordo”, “mejor a lo de la negra”, “a casa del portu”, “a los espaguetis”, “las cachapas”…

-Muchachos, no me estoy sintiendo muy bien, mejor vamos a comernos una “sopita”- solicitaría Norberto.

-Bueno, pero el gordo debe tener sopa- dijo uno de los compañeros.

-A por el gordo- sentenció otro, tratando de remedar a un ciudadano de Galicia.

Cuando llegaron al restaurante del gordo, la recomendación del día era un “exquisito y bien resuelto plato de callos a la madrileña”, según el anuncio que describía al menú. Norberto de Jesús, después de considerarlo de manera concienzuda y responsable, se sentó y ordeno la recomendación del día.

La tarde transcurrió con una pesadez inusual, no la de una tarde aburrida y poco animosa, sino la de una sensación endógena y expansiva, algo que venía desde muy adentro y parecía querer desencadenar una erupción.

Norberto de Jesús no estaba bien, se le notaba en la cara; sin embargo, la llamada de su amadísima Rosa Magenta, le hizo acomodarse un poco mejor en su silla y esbozar a duras penas una pequeña sonrisa.

La invitación al cine no le pareció mala idea. Norberto había dejado de leer el tercer libro de Harry Potter poco antes de llegar al final, de manera que ir a ver la última película, le supuso una manera de quizás, ponerse al día con la historia. Luego de acordar la hora y el sitio, Norberto salió en veloz carrera a chuparse una gran taza de té de manzanilla, tragarse un par de capsulas que le coadyuvaran a una mejor digestión y masticar una pastilla de acción antiácida, antiflatulenta y antiquísima porque la tenía guardada desde hacía muchísimo tiempo en la gaveta de su escritorio.

Ya un poco recuperado, Norberto se fue al encuentro con su amada Rosa Magenta. Al llegar al cine compró las entradas y, dirigiéndose hacia la cola de las golosinas, logró avistar al objeto de su pasión, idolatría y enamoramiento; el tiempo se detuvo y el espacio se congeló por unos instantes. Luego, sólo Ulises y Penélope pudieron moverse en cámara lenta, “…y ella sintió vacilar corazón y rodillas cuando reconoció las señales que daba Odiseo, y se puso a llorar y corrió velozmente a su encuentro, le echó al cuello los brazos, besó su cabeza, y le dijo…”

-Mi cielo, qué cara tienes, ¿te pasa algo?

-No mi vida, no pasa nada.

-¿Seguro?

-Sí, mi ángel.

-Mírate la panza, pareces globo aerostático de la Alcaldía Mayor.

-Jejé, deben ser “gasecitos”, mi pimpollo…

-Ay, Norberto, tú no te estás cuidando. Estoy cansada de decírtelo, pero tú no me paras, porque claro, según tú, yo lo que hablo es pura pa…

-Eh, mi linda, por qué mejor no te vas a apartar las sillas, mientras yo voy a comprar unos bocadillos.

-Ni que yo fuese Moisés, para andar por allí apartando cosas y abriendo espacios.

-¡Qué linda mi cachorrita!

Un maremágnum dominaba el sitio de las chucherías, pero Norberto de Jesús en años, se había permitido entrar a la sala de cine, sin un kilo de palomitas de maíz y un envase lleno de gaseosa o alguna otra bebida refrescante. Después de algunas sacudidas, empellones, disputas, choques e intercambios de frases soeces, logró posicionarse en frente al muchacho de la gorra graciosa y sonrisa desesperada.

“Buenas noches señor bienvenido a la mejor sala de cine del país por favor me indica su pedido y forma de pago que tenga buen provecho cuidado con la bandeja siga hasta el final de la barra para que le completen su orden y muchas gracias por su compra hasta luego siguiente por favor buenas noches señor bienvenido a la mejor...”

Norberto, guardando el cambio, del cual no tenía ni la más casquivana idea de cuánto ni por qué era esa cantidad, tomó sus bandejas y se fue a donde le indicaron, para retirar el resto de la compra. Con proverbial histrionismo, Norberto de Jesús se dirigió hacia una esquina para revisar lo que había comprado y repartirlo mejor a fin de no confundir lo que a cada uno le tocaba: En la de él, un mega pote de cotufas, una ración de tequeños, otra de nuggets de pollo, medio litro de refresco y unos chocolatitos para endulzar un poco la cosa. En la de ella, un pequeño vaso cónico de cartón con siete cotufitas “fat free”, una botellita con 250 CC de agua mineral ligera y una servilleta light.

-Norberto de Jesús, ¿tú no y que tenías unos “gasecitos”?

-Tranquila mi alma, ya se me pasaron. O mejor dicho, los dejé en la cola…

-O sea, que los tienes como quien dice, “embolsados” en el pantalón.

-Jajajá, no mi terroncito, los dejé en la cola de las botanas.

-¡Puerco!

-Dame un beso.

-No, déjame.

Norberto de Jesús y Rosa Magenta continuaron con su jugueteo amoroso hasta que se percataron de la parejita que se encontraba justo en la fila próxima de atrás, ocupando el mismo cuadrante que ellos. Se trataba de unos párvulos que mantenían un flirteo, aún más subido de tono, una cosa exagerada; manos, piernas y lenguas se movían en asquerosa sincronía y los sonidos que emitían recordaban el que produce una poceta cuando se le baja la palanca del desagüe. La escena le bajó los ánimos a la pareja protagónica de esta historia y además, la película ya había comenzado a rodar.

Una vez desocupados bandejas y envases, el sistema digestivo de Norberto, comenzó a enviar señales de que algo no andaba bien ¡Claro!, esto sucedía desde temprano, pero el testarudo de Norberto no había querido reparar en ello.

Las escenas de crueldad, intriga, injusticia, impotencia y amores adolescentes (nada que ver con los de la parejita de atrás) se fueron sucediendo una tras otra así como los retorcijones de Norberto; cada “Expelliarmus” lo sentía entre estómago y páncreas. Todo se le revolvía internamente, no sólo de ver a una Dolores Umbridge y un ministro de magia que les parecía tan familiar, sino también por el punzante tormento que estaba padeciendo.

Rosa Magenta comenzó a sentirse consternada, la angustia y la desesperación poco a poco la iban envolviendo. Sus ojos no daban crédito a lo que veían, su pulso se aceleraba cada vez más y la tensión llegaba a su punto más álgido. ¿Cómo era posible que todo eso estuviese sucediendo en Hogwarts?, ¿Dumbledor no podía hacer nada?, ¿los Mortífagos se saldrían con la suya? ¿Cómo era eso de que se restringía el uso de la magia, en un colegio de magia? La pobre Rosa no aguantaba más, ella nunca soportó las injusticias, ni siquiera aquella vez, cuando perdió la memoria, ni cuando quedó ciega, mucho menos cuando cayó por las escaleras y no podía moverse del cuello hacía abajo. A Dios gracias, todo aquello había pasado, pero la intolerancia a las injusticias jamás cesó.

“Harry con su peo, y yo con los míos”, pensó Norberto, quien ya estaba pálido del dolor. “Qué no habrá un Expecto Patronum que pueda liberarme del terrible influjo de este dementor”, no, esto no lo decía Harry en la película, era el mismo Norberto que continuaba pensando en su padecimiento. La cosa se estaba tornando insostenible, el “Maleficio Cruciatas”, ese que causa un fuerte dolor en todo el cuerpo, no sólo atormentaba a la maléfica Bellatrix, sino también a Norberto de Jesús.

“Destruir pronto a El-que-no-debe-ser-nombrado”, esta no era una consigna política, quizás sí, el deseo de Ron, Hermione y Harry, pero también lo era de Norberto, ya que de esta manera se acabaría la película y podría irse a casa para tomarse algo, cualquier cosa que aniquilara el dolor. También se libraría de la parejita que parecía haber estado comiendo naranjas durante toda la película y, Rosa Magenta, su amada Rosa magenta dejaría igualmente de sufrir a causa del ministerio (el de magia, por supuesto).

-Norberto, ¿tú como que te estás durmiendo?, andas allí todo acurrucado.

-No mi pichoncita, es que volvieron.

-¿Los Mortífagos? Pero si ya los derrotaron, Dumbledor y la nueva Orden del Fénix se encargaron de eso.

-Me refiero a los gases, mi ternerita.

-Y por qué no me dijiste, animal.

-Porque cada vez que te digo así, te molestas.

-Norberto de Jesús Santos Umpierres Acosta Martínez y Calero, me haces el favor y te levantas ya de esa silla. Nos vamos pronto a ver un especialista.

-¿En encantamientos?

-No imbécil, en vesículas, porque lo que tú tienes no es más que un problema vesicular, esos cólicos son prueba fehaciente de ello, así es que vamos, andando, móntate en la escoba.

-Pero tesoro, veamos el final.

-Okey, pero apenas comiencen los créditos, salimos.

-¡Coño! ¿El ministerio de magia va a otorgar créditos también?

-¡Necio!

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(Continuará...)




sábado, agosto 04, 2007


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-Sí, ya sé que estoy de reposo y que además necesitas el ordenador. Dos "cosillas" más y, me voy a la cama... (Ostias! Así nunca terminaré la histora del "Sin vesícula", jóder...)
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PRONTO, MUY PRONTO... "El Sin Vesícula"
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Una historia arrancada de las entrañas mismas de una clínica privada de la misión "Urbanización recontra imperialista adentro"
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¿Qué fue lo que le pasó a Norberto de Jesús?
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¿Cómo es eso de que se quedó sin vesícula?
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¿Lo seguirá amando Rosa Magenta?
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¿Qué hizo el doctor Quénoche, con la vesícula de Norberto de Jesús?, ¿la momificaría?
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¿Podrá nuestro nunca bien ponderado Superhéroe, Flojazo, ayudar a el buen Norberto de Jesús?
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¿Quién será el padre del primo del hijo de la hermana de la madre del primo?
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No se pierdan los emotivos y electrizantes capítulos de "El Sin Vesícula". Por este mismo bati-canal (Bueno, eso si no nos quitan la concesión...)
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