miércoles, enero 21, 2009

DECÁLOGO DE ABRAHAM LINCOLN

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. Usted no puede crear prosperidad desalentando la Iniciativa Propia.

· Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.

· Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.

· Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.

· Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.

· Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.

· Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases.

· Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.

· Usted no puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su independencia (libertad) e iniciativa.

· Usted no puede ayudar a los hombres realizando por ellos permanentemente lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.

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miércoles, diciembre 24, 2008

A los amigos

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Quise sentarme a escribir acerca de niños soñando con nieve y juguetes nuevos, hombres rollizos vestidos de rojo bajando por chimeneas, muchachitos criollitos que nacen en pesebres rodeados de vacas, ovejas, burritos sabaneros y tucusitos. Quería hablar de hermandad y buenos sentimientos, de regalos y buena vibra, de familia reunida y abrazos entre quienes piensan distinto. Deseaba pensar que todo en esta tierra era diferente así que, podía salir a la calle tranquilamente a conversar con el vecino de lo alegre que lucían las calles y lo contenta que se veía la gente porque, llegó navidad.

La cosa se puso difícil. Las ideas no fluían, las imágenes chocaban unas con otras y lo menos que veía eran sonrisas y caras de satisfacción. Solo encontraba puños alzados, gritos desaforados, peleas y discusiones baladíes, pasiones absurdas, resentimientos y retaliaciones sembradas en la psiquis de muchos por medio de quién sabe qué poder maligno. Amistades rotas y sentimientos encontrados. Un país. Un país que se resquebraja y se pudre, hundiéndose en la abulia, la ignominia y lo bizarro.

Me dije que quizás no era el momento, que mejor lo dejaba para después, que intentara luego de llegar a casa y tomarme un par de copas. Así que dejé todo y salí a caminar con la idea de que tenía puestos una especie de lentes mágicos. Sí, unos lentes que me permitirían ver todo al revés. Y unos audífonos, ajá, mágicos también, para escuchar lo que en realidad ansiaba escuchar, pero pensé inmediatamente que entonces necesitaría también un traje especial para que me protegiera de la realidad. De manera que no había nada que hacer, así las cosas y pues, qué le íbamos hacer. Igual abandoné la oficina y me eché a andar, como el caminante de Machado, a ver si lograba hacer camino.

A pesar de todo, me negué a dejar de ver la realidad, a perder detalle; sin importar que mi organismo continuara intoxicándose con la polución ideológica, las vibraciones insanas, las malas caras y el indigno proceder. Y menos mal que así lo hice porque, mientras caminaba, fui registrando varios incidentes que poco a poco, gota a gota, fueron llenando mi espíritu –para mi sorpresa-, de manera positiva.

Vi al chofer de un camión repartidor de refrescos, regalarle su comida a un indigente. Una pareja ayudar a cruzar la calle a un anciano. Dos amigos que juntos, sonrientes y a paso veloz, ondeaban los banderines de equipos de béisbol contrarios. Escuché a una mujer hablarle a su hijo del Niño Jesús, y éste con cara iluminada, se mostraba atento y emocionado. Pequeños detalles que comenzaron a gestar “algo”, una cosa que me hizo recurrir a lo que al igual que la justicia, a veces tarda pero llega… Los buenos recuerdos son una excelente herramienta para enfrentar al fantasma del desánimo y la desesperanza. Podemos llenar un gran tobo con ellos y utilizarlo como indican los entendidos en materias místicas, yerbateras y espirituales, es decir, “darse un baño con ese preparado”.

La sonrisa de mi hija, las rabietas de mi hermano. Un “te quiero” de mi esposa y las arepas fritas de mi abuela. La alegría de un amigo escritor cuando encontró el gran final de su novela, el mal chiste de otro amigo pero que igual me hizo reír. El programa de radio, el nuevo libro de otro amigo. El vecino que me auxilió con la batería, mi compadre y sus loqueras. Mis sobrinos que son mis hijos, mis cuñadas que son mis hermanas, mis dos madres y las tantas tías…

Agradables recuerdos, detalles positivos y gente buena que uno encuentra por el camino, los que están y los que ya no. Sí, me serví un coctel de todo esto y lo bebí hasta el fondo, pensé que resultaría mejor que el baño, así que, a medida que voy tecleando, se va formando en mi cabeza una cartelera, y decido que voy a colocar ahí varias notas, pequeños recordatorios:

“Todavía hay gente buena…” “¡Dios existe!” “La sonrisa es como la gripe… se contagia.” “El venezolano cree en la picardía, pero también en la solidaridad.” “No todo está perdido, el mundo aún respira…” “Cómete una sopa de esperanza; para que se te caliente el espíritu.” “Si riegas una planta con fanatismo, puedes llegar a ahogarla, si lo haces con amor, de seguro crecerá.”

Amigos, no sé si estoy listo para sentarme a escribir, lo que en realidad me había propuesto en un principio, pero si creo estarlo para desearles, una feliz navidad y un esperanzador nuevo año. Que la figura del nacimiento del redentor, sirva para recordarnos que cada día es un nuevo comienzo, y que no debemos perder la fe. Sigamos pues adelante, conscientes de que somos parte de este gran universo, y de que pese a las diferencias, juntos, podremos lograr algún día, un mundo mejor.

Feliz navidad le desea su amigo, El Puma… qué digo, El Lémur.





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viernes, diciembre 12, 2008

Proverbio japonés
" El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses"
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miércoles, diciembre 10, 2008


PARA LAS ESTRAMBÓTICAS CAMPAÑAS...


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PARA LOS PAUPÉRRIMOS HOSPITALES...

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... Una sola, y se la comparten. No sean agalluos...

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viernes, noviembre 21, 2008

Crece, el gusano

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Por comerme una manzana
me tragué un gusano,
y ahora no me deja en paz
el muy marrano.
Porque me trepanó el cerebro,
con la mano
y yo me pregunto:
¿de dónde la sacó este villano?

No me deja dormir
sé que no estoy sano,
hasta tomé purgante,
pa’ botarlo por el ano.
Pero no me abandona,
el gran tirano,
pide que le obedezca,
dice que es mi gran hermano.

Se asoma por mi oreja
y grita todo ufano,
“mátalos a todos”
está loco este fulano.
Se pasea por mis entrañas
este ser insano,
revuelve, agita y gruñe,
su trato juro que es inhumano.

Y el desgraciado crece,
ya no es tan enano;
se apodera de mi psiquis
como si fuera un marciano.
“Mátalos a todos”,
insiste este gangster siciliano,
mi cuerpo no me obedece
me hace fumar un habano.

Escupo en el piso,
odio a cualquier paisano
quiero joder gente
escribir un verso profano.
Quiero arrastrarme por el piso
patearle el culo a un Afgano,
chulearme a una prostituta
reescribir la parábola del buen samaritano.

Ya no me gusta este asunto
se ha vuelto un mal intento Kafkiano,
creo que ya no soy el mismo
me he convertido en un maldito… gusano.


Nota: Esta “polquería” se la debo a las 24 horas continuas que llevo escuchando a Calle 13, más te crece. Todavía no los alcanzo, cabrones. Pero ya verán… ¡A fuego!




miércoles, noviembre 12, 2008

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Criatura con excelente humor, costumbres honorables y buenas ideas, se ofrece para trabajar en cualquier cosa que no ofenda a nadie, contribuya a algo y de dinero.
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La criatura en cuestión está buscando desesperadamente una fuente de ingresos que le permita mantener sus vicios. Su tribulación es tal, que es capaz de hacer lo que sea; aunque... "ciertas condiciones aplican".
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Promoción notificada a todos los que estén interesados en llevar paz y felicidad, al menos a un hogar venezolano…
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martes, septiembre 30, 2008

KAYLA

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En la barra del bar, un shot de tequila y una cerveza. ¿Ves al hombre sentado en el otro extremo de la barra? No, no lo ves, pero el a ti sí. Te observa con detenimiento. Tu mirada ha cambiado, ahora es lánguida. Apagas la colilla del cigarro y miras hacia abajo. Piensas en el aquí y el ahora, que no es un escape, no es una rabieta, ni siquiera es un acto rebelde de juventud repentina. Simplemente estás allí, porque no hay adonde.

Pasas la lengua por tus labios y el hombre del otro extremo siente un pequeño espasmo entre sus piernas. “Dos vodkas más, y me le acerco”, piensa él, mientras tu tratas de dilucidar, “qué carajo hago yo aquí”.

La noche transcurre, ya fueron cinco shots y tres cervezas, así que pides otra ronda porque mejor seguimos con los números pares. Ahora miras al frente, y alrededor; quienes están, no te merecen. No, esas caderas y esos colmillos, no son para cualquier sabandija. No vas a compartir la ausencia de ropa interior con ningún mequetrefe. ¿Más cerveza?, no, sólo tequila.

El hombre se levanta, por fin se levanta y camina en dirección hacia ti, pero cuando ya está cerca, decide proseguir hasta el baño, no sin antes percatarse de tu olor. “Aaah, conozco ese olor, es fuerte, salvaje, animal. Es ella, sí es ella...”

Entra al baño, abre su bragueta, el erecto entusiasmo dificulta la micción. Se pasa la mano por la cabeza y luego golpea la pared. “Sabía que no debía venir. Es ella...”. Comienza a temblar y casi cae de rodillas. Su pulso se acelera y vienen a su mente imágenes de bosques, luna llena, dientes, colmillos. Huele a carne fresca, a sangre, a jauría. Trata de reponerse, se incorpora, acomoda su ropa, seca el sudor de la frente y el cuello, lava su cara, se seca y sale del baño. Vuelve a pasar cerca de ti y se detiene, el aroma lo perturba. Regresa a su puesto y pide otro vodka.

Tus mejillas están calientes y las piernas piden movimiento, el vestido parece haberse encogido de repente, porque ahora muestras más los senos. Ya son muchos los que miran, desean. Más de un cuello a tu disposición, sangre para acompañar el tequila.

Altiva, coqueta. Ahora sonríes, lograste llamar la atención, pero no estás conforme. Buscas otra cosa. Quieres salir, huir, correr. Hay cadenas invisibles, no se ven, sólo se sienten. ¡Maldita sea!

“Dos vodkas más, y le hablo”, ya fueron ocho. Diriges la mirada hacia el otro extremo de la barra, y el hombre tiembla, aprieta los puños y se muerde los labios. Sale sangre, y tú la hueles. Te levantas, y caminas siguiendo tu nariz. Ya lo ubicas, llegas y miras a todos lados, un trago de vodka a medio terminar y una silla vacía. “Estuvo aquí, sé que estuvo aquí...”

A media cuadra de allí, un pañuelo con manchas de sangre cae al suelo. Transformación interrumpida. El hombre huye, tenía que hacerlo, si no, sucumbiría. Igual que otrora.

Aquella oportunidad, la primera noche, juró que sería la última. No se volvería a unir a la jauría. No volvería a cazar junto a ti. Sabía que terminarían con el olor a sangre fresca en el hocico, revolcándose en la hierba, lamiéndose, mordisqueándose, fornicando. Maldita y divina noche, causante de desvaríos y sueños profanos. “Kayla, mi amada y prohibida Kayla...”

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