jueves, mayo 15, 2008

10.000



Diez mil visitas. Diez visitas fuertes a mi blog (¿será lo mismo, diez fuertes visitas?) ¿Quién lo diría? ¡Diez mil visitas! No saben cuánto espere por este momento. Y a decir verdad, yo tampoco sé por qué espere tanto. Es más, no tengo ni la menor idea de qué puede significar todo esto. Solo sé que ya mi blog alcanzó las 10.000 visitas. Sí, eso es, 10.000 visitas ¿Qué les parece? ¿No es genial? Creo que es lo mejor que me ha podido pasar, aun cuando no tenga claro el porqué. Quizás sea un gran acontecimiento, algo digno de celebrar. No son 1.000, ni 2.000, ni 3.000, son, 10.000 visitas, 10.000 visitas, ¡ojo!, repito: 10.000 visitas ¿Cómo les quedó ese monitor? No puedo describir lo que siento, es que… pareciera… es… es algo así como… como si no sintiera nada pero, pienso que si debo estar sintiendo algo; sí, a lo mejor es que de tanta emoción se me durmieron las terminaciones nerviosas. Bueno, en fin, me voy a festejar con todos mis amigos. ¡Ah!, y no me esperen despiertos… Diez mil visitas, diez mil visitas… sé que en algún momento saldrán las lagrimas, los gritos eufóricos y el desenfreno total, sí, deben estar cerca. Soy como un volcán… apagado pero, que pronto y sin que nadie lo espere, pudiera reactivarse y entrar en erupción. Sí, así es…

jueves, mayo 08, 2008

LA NUEVA CASA

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Para Caro y sus hijos...

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- Les voy a dar una excelente noticia. Ya tenemos casa.

Pablo Carlos y Eduardo Carlos se miraron con cara de preocupación.

- Otra de las de nuestra madre - exclamó el primer Carlos.

- ¿Y ahora qué? - preguntó el segundo Carlos mientras se cubría la cara con ambas manos.

- Si chicos, ya tenemos casa, pronto nos mudaremos. Y lo mejor de todo es que la hice yo misma.

Los Carlos guardaron silencio, se arrellanaron en el sofá de la casa de los abuelos y esperaron con resignación a que su madre les terminara de poner al tanto de su nuevo “proyecto”.

- Seguramente se habrán preguntado, porqué tantas horas de desvelo, esfuerzo e ingredientes invertidos en un número considerable de tortas.

- Para venderlas - respondieron en coro.

- ¡Exacto! Para vende… ¡NO! Qué vender ni que nada. Todos esos bizcochos los fui guardando para utilizarlos como bloques. Con la azúcar en polvo hice el pastillaje creativo que sirvió de friso para las paredes. El techo es de láminas de chocolate y las ventanas son de gelatina.

- ¿Y las puertas?

- De turrón.

Pablo Carlos y Eduardo Carlos no sabían si reír o llorar, si quedarse o, tratar de escapar en veloz carrera, lejos, muy lejos de los dislates de su madre.

- ¿Qué les parece? - preguntó emocionada la progenitora.

Eduardo Carlos, el más pequeño, con sonrisa maliciosa y mirando hacia el techo tomó la palabra:

- Bueno, ya tenemos la casa de pan. Faltaría decidir quién será Hansel y quién Gretel. Por la tonta bruja ni nos preocupemos.

Pablo Carlos aguantó la risa mientras su madre se quitaba el delantal y limpiaba un poco su cara, toda llena de harina y polvo para hornear.

- Noto cierto sarcasmo en tu comentario, Eduardo Carlos. Te sugiero que si tienes algo que decir, seas lo más claro y explicito posible. Ah, y nada de burlas ni risitas, esto que estamos tratando es muy serio, se trata de nuestro futuro hogar.

- Hogar, “DULCE”, hogar - canturreo Eduardo Carlos.

El otro Carlos volvió a contener la risotada y de un brinco se levantó del sofá para tomar a su madre por los hombros.

Madre -dijo antes de comenzar su lacónico discurso-, sabes que siempre te hemos apoyado, y lo seguiremos haciendo, pero por amor al cielo, cuándo uno de tus proyectos será forjado con sesos y no sueños.

- Ustedes no me quieren, no se dan cuenta de que todo lo hago por vosotros, infelices criaturas desalmadas, indolentes y con cerebro de pájaro. Ni siquiera cumplen con su inveterado y bíblico compromiso de honrar a su madre, que también es padre…

- Aquí vamos de nuevo- con hablar cansino y pausado, se levantó Eduardo Carlos y con el dedo índice de su mano derecha, le dio varios toques en el hombro a su madre para hacer que se volteara hacia él -. Querida madre, ¿recuerdas cuando fabricaste aquella casa de paja? En aquel entonces te advertimos de que cualquier hijo de puta podía venir y, soplar, soplar y soplar hasta derribarla. Pues recuerda también que así fue.

- Sí, y después hubo otro intento con una casa de madera – intervino Pablo Carlos -, que tampoco funcionó porque el mismo disociado nos encontró y repitió la gracia.

- Luego nos gastamos los ahorritos para construir una de bloque y cemento y… nos expropiaron…- dijo Eduardo Carlos.

Y fue así como continuaron evocando todos y cada uno de los intentos fallidos, para tener una vivienda digna.

- Lo último fue lo de encadenarnos a las puertas del Ministerio – dijo ya entre risas la madre.

- Y resultó ser el de Magia – complementaron a dúo los Carlos.

- Bueno, okey, ya tenemos vivienda propia pero, y qué vamos a hacer cuando la necesidad de satisfacer instintos tan básicos como por ejemplo, el hambre, se haga presente y no podamos apañar la situación con otros instintos no tan básicos, como por ejemplo…

- ¡Coño, ya Pablo Carlos! Qué más vamos a hacer. Con la “peladera” que se avecina, producto de la “no venta” de las fulanas tortas y, el gran desembolso que hizo nuestra genial madre para adquirir los materiales, no nos quedará otra que ir comiéndonos poco a poco la casa.

- ¡Pequeños hombres de poca fe! – exclamó la madre extendiendo los brazos al cielo-. Por cierto Pablo Carlos, ¿has notado el lenguaje tan soez que está utilizando tu hermano menor?.

- Si madre, creo que eso es por ver tanto a Naruto y al Avatar.

- ¡Arriba el colesterol! ¡Que suban los triglicéridos! – coreaban luego los Carlos mientras bailoteaban alrededor de su mamá.

- ¿Y qué hacer si llueve? – preguntaba uno de los Carlos.

- Pues, ojalá que llueva café, así acompañamos las tortas – respondía el otro.

- No me toman en serio, nunca me toman en serio – gimoteaba la madre.

- Vamos mamá, sabes que siempre estaremos contigo y que, juntos somos un gran equipo. Somos… somos como Los Cuatro Fantásticos.

- ¿Y quién es el cuarto integrante?

- Tu cabezota, que es tan dura como el hombre de piedra – respondió Eduardo Carlos para recibir luego un manotazo de su hermano.

- Basta ya, déjala en paz. Madre, tú eres nuestra luz, nuestra alegría y nuestro refugio. Así que, adelante madre, siempre hacia adelante. Como decía Agatha Christie, “…la vida es una calle de sentido único”- Le dijo Pablo Carlos, tratando de consolarla. Luego, unidos en un solo suspiro, los tres regresaron al sofá, y con hilos de esperanza comenzaron a tejer un nuevo sueño.





martes, mayo 06, 2008

El eclipse de Tomás

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Tomas, era un escéptico empedernido. No creía en mitos, ni en fantasmas, ni en leyendas; mucho menos en fenómenos paranormales. Cuando leyó acerca de supuestos hechos enigmáticos relacionados a los eclipses de luna, no escatimó en hacer gala de su incredulidad, “¡ja!, puras patrañas”.

-Para el día de hoy, se anuncia un eclipse lunar. Me parece que es buen momento para ver y, creer -. Le comentaba Tomas a su esposa.

–Dicen que comienza a las nueve, de manera que me instalaré en el patio de la casa, al aire libre para poder presenciar cualquier “fenómeno” en primera fila –. Continuaba.

-Ay Tomas, uno de estos días… uno de estos días… -. Sentenciaba la esposa.

Llegado el momento, Tomás dispuso todo lo que creyó conveniente: cava pequeña con refrescos, bolsas de papitas, silla plegable, binoculares, cobija para el frío, papel, lápiz y, la compañía de su fiel perra San Bernardo.

La nívea y resplandeciente luna, poco a poco se fue tiñendo y su aspecto cambiaba al pasar los minutos. Tomás seguía con perplejidad el proceso sin dejar escapar detalle hasta que… la oscuridad se apoderó no solo del cielo, sino también de su mente y de sus sentidos haciéndolo caer en un profundo sueño.

A la mañana siguiente, Tomás despertó sobresaltado y con la extraña sensación de que “algo” había sucedido. Se encontró acurrucado sobre la silla plegable. Su fiel perra San Bernardo lo miraba con querencia. Una serie de imágenes comenzaron a suscitarse dentro de su cabeza, como si se tratase de varios trailers de películas, uno tras otro de manera continua.

Escenas del Show de las Muppets muy subidas de tono (pornográficas, para ser exactos). Lobos retozando en la pradera en época de celo. Un hombre desnudo restregando su cuerpo contra una alfombra de peluche. Sí, todo era muy extraño. Volvía a lanzar una mirada a su perra y ésta, se la devolvía con una agradecida sonrisa. Y es que hasta eso le pareció ver a Tomás, que su perra le sonreía.

Tomás no entendía nada, el único recuerdo coherente que conservaba era el de estar observando el eclipse y, las palabras de su esposa: “Ay Tomas, uno de estos días… uno de estos días…”


lunes, abril 28, 2008

SHORTS

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Aguacate y Palmito eran la comidilla del día. Su operación de contra-inteligencia fue un fracaso total. En la mesa, todos comentaban el incidente mientras ellos, cual avestruces, buscaban en dónde hundir sus cabezas. Misia Zanahoria y Don Petipua, los miraban con recelo. La señora Aceite y su esposo, el señor Oliva, intentaban cambiar el tema. La señorita Cebolla fue menos discreta, así que con lágrimas en los ojos exclamó:
-¡Tenemos unos infiltrados!
-Ya decía yo que esta mezcla era muy rara -. Opinó Don Petipua.


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Al enterarse de que pronto se produciría un eclipse lunar, el Sr. Samsa se emociono muchísimo ya que había leído en su horóscopo a principio de año que, la ocultación del astro traería para él grandes cambios; una especie de metamorfosis…


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El mago anunció: “No tengo nada que esconder”, y alguien del público preguntó: “¿Y entonces, cuál es el truco?”


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Walter se preguntaba, por qué era tan importante llevar esas chaquetas y el edredón a la tintorería, comprar el periódico, preguntar en la esquina a ver cuándo pensaban enderezarla para convertirla en una recta, pasar por la carnicería y dejar el pedido, no llegar tarde a la oficina porque ya se tenían cuatro amonestaciones y, a la quinta habría que prepararse para una sexta, revisar los resultados de la lotería, pasar al mediodía por la carnicería (¿cómo que para qué?, para recoger el pedido que se dejó en la mañana), buscar a los niños en el colegio, comprar leche, decirle a la conserje que el pasillo estaba sucio y, hablar con el vigilante del edificio y reclamarle por lo que sea que haya pasado, total, para eso están los vigilantes de los edificios…


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La luna le sonreía mientras cambiaba su semblante, y él, enseguida intuyó que pronto dejaría de verla…


jueves, abril 24, 2008

Cuidado con las chapas

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Voy caminando tranquilamente por la calle, observando la parte trasera de los pantalones que usan algunas mujeres –la ropa y sus curiosas formas siempre han llamado mi atención-, cuando de pronto, me topo con un singular sujeto que porta una chapa guindada en su chaqueta, a la altura del corazón. La chapa tiene un fondo blanco, y en letras rojas lleva inscrita la siguiente frase: “¿Quiere perder peso? Pregúnteme cómo”. Dejándome llevar por el fisgoneo, me le acerco al personaje y leo en voz alta el mencionado texto, luego, con cara de agente tributario demando su atención y le digo: “A ver, explíqueme cómo”. El muy granuja saca una pistola y me responde: “Comience por entregarme el celular, la cartera, el reloj, el anillo y la cadena”.

El método es un tanto agresivo, pero no puedo negar que en escasos minutos, perdí aproximadamente unos novecientos gramos. Como podrán inferir, la curiosidad muchas veces, te puede hacer perder peso, así que ya lo saben… ¡Ah!, y cuidado con las chapas.




martes, abril 15, 2008

¿Energía negativa, mala suerte o, buena guía?

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Cuando en mi casa se daño la lavadora, la secadora, la freidora, la tostadora, la licuadora, la batidora, la escaladora, la caminadora, la contestadora, la administradora y, la olla mondonguera - a partir de allí se partió la manguera, comenzó a gotear la regadera y se quemó la parrillera-, comencé a preocuparme, no sólo por el resto de los sufijos sino también por mi suerte. Claro, y es que cualquiera diría, “¡Caramba, pero que mala suerte tienes!”, o “¿Pero todo a la vez? ¡Recórcholis, que mala suerte!”.

La cosa de verdad que parecía grave, y no faltó quien opinara acerca de la presencia de energías negativas o, “mala vibra”. Hasta llegué a pensar que no me quedaría otro camino que recurrir a Paulo Cohelo, para ver si algún sabio o, maestro, o discípulo, o mago, o brujo, o prostituta, le había enseñado algo al respecto y éste a su vez, me lo retransmitía por medio de uno de sus escritos.

“Feng Shui” (¡santos símbolos y animalitos chinos, Batman!) Esa fue otra posible solución aportada por algunos allegados –ya había pensado en unos “ramazos”, pero me llamaron ignorante y anticuado-. Lo cierto es que me preparé cual niño Jesús, para recibir incienso y mirra y de esta manera inundar mi casa con humo purificador y exorcizante. Por cierto, si algún día se les ocurre poner animalitos chinos en su casa, procuren que de verdad sean “Animales Chinos”, es decir, no hagan como yo que para salir del paso, compré un tigrito, sí, pero de esos que usan los taxistas. Conseguí el perro y la rata, y de verdad que se veían ridículos los tres bichos esos moviendo la cabeza para todos lados. Ah, y en frente les puse un gato que parecía un fiscal de transito (“eso es plotección”, dijo el maracucho que me los vendió, haciéndose el chino).

¿No será que te pusieron un trabajo? Trabajo el que tenía que pasar para mandar a arreglar todo. Trabajo el que estoy pasando con la cantidad de “peroles” dañados. Trabajo el que me costó entender que ciertamente es cuestión de energía… la mía.

No sabría explicar el porqué de repente todo se daña en una casa, sin respetar un orden, sin seguir una secuencia lógica, o sin establecer prioridades, creo que eso se lo voy a dejar a Fraga, a León o al mismo Cohelo. Tampoco sé si les habrá pasado, pero cuando salí a la calle y grité a los cuatro vientos, “por qué señor, por qué a mi…”, de vaina y me golpeo la cabeza con una guía telefónica que cayó del cielo.

Estoy esperando la llegada de los “sabios”, o mejor dicho, de los técnicos que comencé a llamar y que poco a poco irán desfilando por mi casa, dejando todo reparado a su paso, reestableciendo el orden y poniendo a circular nuevamente la buena “vibra”. Razón y verdad tienen las sabias palabras de mi querida esposa: “¡Coño, llama al técnico… nojoda!”. Tan linda, ella sí que tiene energía. Y yo la buena suerte de contar con buenos reflejos porque, de verdad que la guía telefónica venía con todo… Los dejo, están llamando a la puerta, debe ser uno de los técnicos…