lunes, octubre 16, 2006

¿Quiere ganar en la lotería?

¿Quiere ganar en la lotería? – Preguntó el anciano – Y yo impertérrito, le respondí con otra pregunta – ¿Cómo?

El anciano se acerca y me interpela. Quiere que le explique, el porqué de mi reacción. Un auto cornetea, yo me sobresalto y el viejo exclama: -¡Anjá! Lo agarré desprevenido.

Lanza otra pregunta: - ¿Él deja los problemas en la calle, o se los lleva para la casa? – Yo le respondo que depende.

-Nooooooo, déjelos en la calle. No los lleve para la casa. Si se los lleva, llega ocupado, con la cabeza mala, entonces no hay tiempo para el amor de la señora ¿Él tiene hijos?
-Sí.
-Entonces hay bondad. Yo trabajo con la bondad – Y se alzó la pernera del pantalón.

Piernas y pies hinchados, lacerados, victimas de una mala irrigación sanguínea a causa de la diabetes – Tengo la sangre débil – me dijo – Los médicos dicen que no hay cura – complementó.

La bondad se ve en la cara de la gente, y él parece bueno – así proseguía el coloquio de aquel anciano tan particular – Si aquel señor monta en su carro a la gente y los lleva y los ayuda, la gente no vera el carro, lo vera a el.

¿Qué fue lo que pregunte al principio? – sigue interrogando – Que si quería ganar en la lotería – Anjá! Entonces él presta atención. Acá esta un papelito – El viejo extiende su brazo, queriéndome hacer llegar el misterioso papel. Yo extiendo el mío para tomarlo, pero para mi sorpresa, el anciano, con una inusitada habilidad, recoge el brazo y me deja con la mano en el aire.

Yo no pido a cambio de nada, aquí está la suerte, pero yo no soy adivino, ni nada. A lo mejor, el número no sale; entonces la gente se molesta y piensa que este viejo esta loco. Este viejo no sabe nada, pero le dice a la gente que le da el número para que la gente crea y lo ayude – A esta altura de la conversación, contraviniendo la conseja popular, lo cortés terminó quitándome lo valiente. Me veía abordado por un par o quizás un trío de zagaletones, apropiándose de manera furibunda de mis pocas pertenencias, mientras le paraba bolas a lo que me decía el viejo (así nos tiene la paranoia).

¿En que piensa cuando le hablan de José Gregorio Hernández? – Le respondí que en la fe. Entonces me aseguró que José Gregorio Hernández le hablaba y le decía que se quedara tranquilo, de improviso, retomo el tema del bendito papelito: - Yo escojo a tres o cuatro, si el primero me dice “no” entonces la cosa no está muy buena, si me dice “sí”, la cosa sale mejor. Yo no espero nada del mal gobierno, el mal gobierno no funciona (me recordó a Manu Chao) El mal gobierno me dice que haga la cola, que vaya para allá, que venga para acá. Pero el mal gobierno no quiere al pobre. Yo no soy adivino, para eso esta Dios, que todo lo sabe. Mi señor Dios sí es bueno. ¿Lo puedo tutear?

Accedí al requerimiento, sin embargo el anciano continuó dirigiéndose a mí, en tercera persona del singular: - El iba a coger el papelito, pero si quiere, lo puedo cambiar por otro – No hay problema, le dije. Y esta vez, sí me dejo tomar el papel – No lo abra, guárdeselo en el bolsillo.

Obedecí de inmediato - ¡Anjá! Él hace caso, es como un niño, un niño obediente, entonces es buena persona, entonces revisa su conciencia y me ayuda.

Saqué mi cartera y de los cuatro mil bolívares que tenía, le di dos. Los tomó asegurando que en otros tiempos, eso si era plata. Si alguien le daba doce mil, él compraba la insulina. Ahora todo estaba más caro, culpa del mal gobierno. Me enseñó otra vez la pierna y me dijo: “La enseño para que vean que soy pobre”.

El viejo, al fin se despidió, pero no sin antes preguntar: - ¿El viejo tiene un amigo? – A lo que respondí con un ¡Claro que sí! - ¿Y si no salen los números? - ¡No importa! – Le aseguré.

Desapareció riéndose, se esfumó. Se fue...

¿Qué si gané? Gané una historia, un par de consejos, una acción que ojalá y sirva para borrarme por lo menos un “pecadillo”, y un nuevo amigo.

Y hasta aquí el cuento, no sigo porque tengo que salir a jugar un numerito...







3 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Si yo fuera tu él, haría lo que he oído por ahí y me inventaría una buena combinación con los números del papelito, buscaría una de esas agencias de loteria que tanto abundan e "invertiría" en la misión. Si no pasa nada, sonreiría al reconocerme ingenua aún y atesoraría la experiencia...

Me gusta la fluidez de la palabra y el tono empleado en el texto.

Saluditos,

Ophir

Isa dijo...

Lémur! ando de muy buen humor, con tiempo para reflexionar y leer tu post.. ese número tenía un 3 o un 7? :) me gustó la historia y respondiendo a tu pregunta, te digo q me engañaste porq pensé q de verdad te habían visitado 1000 veces... jejeje un besote!!

Eduardo dijo...

Lemur! tiempo sim pasar por aquí...

Curiosa historia. Me agradan esos encuentros extraños. De hecho, una vez me topé con un hombre que también "anda por allí" en busca de insulina. Un encuentro corto y crudo...

No me queda más que desearte SUERTE!

Por cierto, mi ausencia, y mi lio con el video se debe a que estaba a Caracas y no me dió tiempo de hacer absolutamente NADA... ya el video está.

Saludos!