jueves, marzo 08, 2007

La Ceguera de Alberto


......Alberto Blind despertó un día, sin poder ver. Oscuridad total, visibilidad nula. Había quedado ciego.
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......Como pudo se repuso, echó a un lado la fatalidad, se levantó y decidió que igual iría a trabajar. Al bajar de la cama, consiguió las pantuflas en la misma posición de hace cuarenta y cinco años.
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......Se quitó la pijama, la dobló y la guardó en el mismo lugar de siempre. Fue al baño y practicó su rutina diaria de aseo, sin saltar ningún paso. Vestirse tampoco fue problema, la ropa estaba como siempre, al igual que la pijama y las pantuflas.
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......En el desayuno no hubo nada nuevo. Aun sin vista, pudo seguir sin tropiezos el camino hacia el plato con el par de huevos fritos, el jamón, las tostadas, el vaso de jugo y el café.
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......Sabía donde estaba parada su esposa y hacia allá lanzó el beso antes de salir.
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......Conocía de memoria el corto trayecto hasta su pequeño negocio de venta de electrodomésticos.
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......Ni la cajera, ni el vendedor, ni el mensajero, se dieron cuenta de la actual situación del señor Blind. Pero cómo, si hizo lo mismo de todos los días: Dar los buenos días sin detenerse a conversar con sus empleados, sentarse en el escritorio ubicado detrás del mostrador y ponerse a leer el periódico detenidamente, sólo que esta vez, en realidad no leía.
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......Al mediodía, su esposa le llevó el almuerzo (como siempre). Se sentó en la misma silla de siempre, a esperar que su esposo terminara de comer; esto sin que ambos emitieran comentario o palabra alguna. Sólo se oía el ruido de los cubiertos que manipulaba con destreza, Alberto Blind.
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......Al final de la tarde, se levantó de su silla, se dirigió hacia la puerta y se despidió con un parsimonioso “Hasta mañana”. Sus empleados se encargaban siempre de cerrar y dejar todo dispuesto para el siguiente día laboral.
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......Así transcurrió la semana. La misma rutina, todo igual, nada cambiaba. El “problema” de Alberto Blind, era casi imperceptible.
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......El viernes por la noche, se sentó en su butaca, frente al televisor. Su esposa le trajo una cerveza y le alcanzó el control remoto. Alberto sabía cuantas veces tenia que presionar el botón de cambios para llegar al canal de deportes, “Noche de Boxeo”, como todos los viernes a esa hora.
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......Al acostarse, el señor y la señora Blind, comenzaron el ritual de “todos los viernes a esa hora”. Alberto rozó la pierna de su señora por unos breves instantes, tres besos en el seno izquierdo, dos en el cuello y uno un poco más largo en la boca. Como si fuesen el par de pantuflas, adoptaron la misma posición de siempre. El mismo ritmo y la misma duración... de siempre.
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......Igual fue la semana siguiente, y la otra, y la subsiguiente. La ceguera persistía, al igual que la rutina, y Alberto olvidó cuál fue el preciso instante en que se quedó ciego. Hasta llegó a dudar, de si en realidad, estaba ciego.


7 comentarios:

ro dijo...

Has leido 'Ensayo sobre la ceguera' de Jose Saramago? Muy recomendado! Saludos...

Eduardo dijo...

Y al parecer lo único emocionante, y fuera de la rutina que le sucedió en su vida, fue la ceguera. Extraño, muy extraño.

lapoetisa dijo...

La rutina hay que encerrarla y no dejarla salir, es el antónimo de VIVIR... DE SENTIR... DE DISFRUTAR...Interesante tu blog
Carmen

Lemur dijo...

ro:

He leido otras cosas de Saramago, buscaré tu recomendación. Gracias...

Bróder eduardo:

Me parece que la ceguera radica en otra cosa...

lapoetisa:

Bienvenida a este espacio. La rutina? Sí, nos hace ciegos...

aceituna verde dijo...

como odio los ritos y la rutina, lo paradógico es que inevitable e inconcientemente mas de algun rito habemos, y rutina tenemos. Y de la ceguera, no hay peor ciego que el que no quiere ver...no se si viene al caso
interesante relato
saludos

Jose Urriola dijo...

Mr Blind, además, como tantos otros y tantas otras, corre el riesgo de convertirse también en Mr y Mrs Deaf; porque la rutina puede llegar a aturdirte tanto tanto que además de ciego puedes quedar sordomudo en unas cuantas repeticiones.

Excelente texto, amigo,

JU

Lemur dijo...

aceituna:

Gracias por la visita. Y sí, de eso se trata, de quien no quiere ver su propia rutina...

Bróder José:

Encantado de verlo por acá. De verdad gracias...

Saludos del Lémur