
Deseo se quemen mis neuronas,
y que se enfríen mis ganas de ahorcar personas.
Este país se durmió en la resaca,
y del letargo nadie lo saca.
Aquí la cosa pasa y no pasa,
aquí la gente trabaja y relaja.
Todo sube, nada baja,
vivimos al filo de la navaja.
Así es esto,
no hay manifiesto;
encierran al inocente
aplauden al funesto.
Seguimos haciendo maromas,
endureciendo la carne e ignorando hormonas.
“Qué te parece compay”, diría Rubén,
mientras muchos piensan, que todo está bien.
Cadena perpetua, pa’l que rezonga,
viene el “vivo”, y se lleva su “milonga”.
Si estás conmigo, tú estás bien,
si no lo estás, te veo en el andén.
Te empujo y te zumbo,
pa’que no chilles;
no quieren que subas,
más bien que te humilles.
No quiero que crezcas
más bien que perezcas,
que trabajes por poco
y que te vuelvas loco.
Es como piensan los que están arriba
y al de abajo lo engañan con la diatriba.
Que ser rico es malo, ser pobre es bueno,
hasta cuándo venden tanto veneno.
Estos versos no tienen métrica
más bien fonética;
más bien rabia guardada,
más bien impotencia enfadada.
Estos versos no tienen estilo,
su calidad, pende de un hilo.
Yo en realidad lo que quiero es gritar al cielo:
“¡Coño, saquemos las bolas del hielo!”
.
Nota: Deseo también deslastrarme de la influencia de Tego y Calle 13... (Nooooooo, qué va....)