martes, julio 17, 2007

Lo que le pasó a Juan Holmes

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En materia de sexo, Juan Holmes había probado de todo. ¿Qué le faltaba a este muchacho?, “¡nada!” Exclamaría él mismo. Sin embargo, un buen día... uno de esos días en los que la contemplación y la observación rinden frutos inesperados, Juan Holmes se dio cuenta de que sus límites no habían sido rebasados, todavía.

Las miró con detenimiento y su imaginación comenzó a jugar con sus hormonas. “Cómo no lo había pensado antes”, se dijo, “esto sí que sería algo fuera de serie”, continuó.

Dora y Rosita estaban en lo suyo, en lo de siempre. Juan se relamía de gusto pensando en el placer extraordinariamente inusual que podrían proporcionarle las dos de manera simultanea. Y no es que a Juan Holmes le hubiese faltado participar de un trío, un cuarteto, una orgía o un todos contra todos; pero en esta oportunidad, se trataba de algo excepcional.

Algo tendría que inventar. El objetivo estaba fijado, refocilarse entre Dora y Rosita, después de esto, ¡nada!, ya no faltaría más nada por probar.

Juan comenzó a prestarles más atención. Sus mimos y cuidados aumentaron. Cada día, al entrar a su habitación, era como si llegase el mismísimo Papá Noel, “esto es para ti, Dora”, “aquí tienes Rosita, espero que te guste”. Las miradas fueron perdiendo candidez y ganando picardía. A pesar de estar con él desde muy pequeñas, Juan había cambiado el trato fraterno por uno más mundano, dejando siempre entrever que existían otras intenciones. Las indirectas y las insinuaciones pasaron a protagonizar la dialéctica diaria.

Juan encendía el televisor de su habitación y lo movía un poco para que quedara en frente de la jaula de plexiglás en donde vivían Dora, la Boa constrictor de 5 metros de largo y Rosita, la pequeña y joven serpiente de unos 25 centímetros.

Inicialmente, Juan colocaba películas con escenas eróticas, como para ir entrando en ambiente (o para que Dora y Rosita se dieran una idea...), pero luego decidió ser más directo. Pornografía de la dura, nada para imaginar. Dora y Rosita observaban con la boca abierta y la lengua afuera.

-Rosita, no te dije que Juan estaba muy raro; eso de cambiarnos la dieta de Ratones grises por blancos, Hámsters, Conejos y otras delicateses, de seguro tenía una clara intención.

-Si Dora, pero de dónde se nos iba a ocurrir, que este tipo lo que estaba era cortejándonos.

-En principio sí, pero tu me dirás, esto ya no es cortejar. Mírale la cara de Aníbal Lester que tiene. Para mí, lo que busca es coj...

-¡Cállate Dora! Ni lo pienses, ¡habráse visto!

-¿Rosa, estás viendo lo mismo que yo? Mira, allí en la pantalla. ¿Qué es eso que lleva ese hombre colgando?

-Ay Dora, no te hagas, tu sabes que es. ¡Conchale!, me recuerda a mi difunto padre cuando llegaba borracho a la casa, con la cabeza gacha y babeándose.

-¿Y de qué murió tu padre?

-De un ataque.

-¿Al corazón?

-No, lo atacaron a palos y luego lo convirtieron en billetera.

-¡Ah! Bueno, después dicen que no existe la reencarnación...

-¡Coño, Dora!, eso es otra vaina.

-Rosa, Juan viene hacía acá. Se bajó los...

Ese día, Juan Holmes cumpliría su sueño, rompería su propia marca de experiencias y encuentros sicalípticos. Eso no sería nada comparado con las 69 posiciones que llegó a practicar en una sola noche, ni las variantes del Kamasutra que él mismo inventó. Ese día, tendría sexo con una Boa y una Falsa coral.

Después de varios escarceos, Juan decidió comenzar con Dora. Acarició su lomo, luego la panza y cuando la miró de frente, a punto ya de besarla, Dora le interpeló:

-¿Tienes preservativo? Yo no es que esté muy de acuerdo con esto, pero si lo del “apareamiento” como se diría en la jerga animal va en serio, entonces hagámoslo bien.

-Pero Dora, los animales no usan eso.

-Los animales, pero tú, con todo y lo humanamente ocioso que eres, prefiero no arriesgarme.

-Pero Dora.

-Pero nada. Póngase su condón. ¡Qué va mijo!, a estas alturas yo con un SIDA, un VPH, una cosa de esas...

Juan continuó con las caricias y Dora ya se estaba “calentado”, Rosa los miraba desde la jaula moviendo cada vez con mayor rapidez su bífida lengua. Dora ya casi cedía, pero reaccionó de pronto y enrollándose alrededor de la cintura de Juan, le susurró, “ponte el condón”.

Buscó en las gavetas, los bolsillos de las chaquetas guindadas en el closet, la cartera, debajo de la almohada, del colchón, Dora le metía la lengua en la oreja, le decía que se apurara, se enrollaba aun más, aumentaba el desespero, la excitación, hasta que Juan tuvo que confesar finalmente que no tenía un puto preservativo a la mano.

Todas las articulaciones de Dora estaban en movimiento, su sangre había aumentado de temperatura, sus ganas la tenían al borde de la capitulación. Entonces, se le ocurrió una idea. Soltó el cuerpo de Juan y se dirigió hacia la jaula de plexiglás, le dijo algo al oído a Rosita, y ésta, con cara de indignación, dio media vuelta y se fue meneando su cola hasta el otro lado de la jaula; desde ese entonces, no le habló más nunca ni a Dora ni a Juan.

El percance hizo que la sangre de Dora volviera a su temperatura normal, las acciones no pudieron ir más allá y el intento fallido de Juan concluyó en una gran desilusión. El silencio se adueño de la habitación y cada personaje fue presa del ostracismo.

¿Que, qué pasó? Hasta da pena decirlo. Dora le propuso a Rosita ser utilizada como preservativo, que de esa manera tomaría parte en el “acto”. Por supuesto, la pobre Rosa se sintió ofendida, indignada; esa no era su idea de “participación”.

Tiempo después, ambos ofidios fueron separados. Dora andaba libremente por los recovecos de la habitación, y Rosita reposaba pusilánime en una rama artificial dentro de la jaula de plástico. Juan se compró un Acure pomeranian (vaya usted a saber si con zoofílicas intenciones) pero se le perdió a los pocos días. Dora parecía andar mal del estómago, no quería probar alimento.












11 comentarios:

Eduardo dijo...

O.o! Creeme... a quien se le ocurren estas cosas? ¡Jajajaja!

Estás loco!... me pude reir vale.

Triste por Dora. Esas cosas simplemente no se hacen. No señor.

Lemur dijo...

Yo digo lo mísmo, amigo Eduardo ¿a quién cuernos se le ocurre...?

IMAGINA dijo...

Yo dejaría de "tomarme" ese té que estás tomando en las noches. ¿No ves que te provoca alucinaciones?
jajajaja.
Pobrecitas culebras (¿o eran CUAIMAS?)

Lemur dijo...

Imagina:

Pobrecitas? No conoces el resto de la historia. Y no es "Té", es "Queso los Frailes"...

The One dijo...

Ah es que la historia continúa?... que morbosidad la mía que me gustaría saber que sigue después.

Isa dijo...

jajajaja ratoncito cuando dijiste "loco" pensé en dragones cazando mariposas o lémures paseándose con Pamela Anderson, pero esto es mucho pero mucho más q imaginación jajaja

Lemur dijo...

Qué morbo, Theone, qué morbo...

Odalisca, ¿Lémures paseándose con la Pamela Anderson?... Naaaaa...!!! No es el prototipo, al menos para este viejo Lémur

Zz dijo...

Jajaja! Sabes que a Dora la sacaste de mi historia!!!

Está demasiado hipnotizantemente fritaaaaaaaaaaaaa!!!

Aurora Pinto dijo...

¡Perro! si me has hecho reir...
Saludos!
Aurora

Ophir Alviárez dijo...

Usted si que mejor dicho...

;)

OA

Lemur dijo...

Zz:

Historias que uno cree no pasan, pero fíjate. Lo bueno es que me lo contó el propio Holmes (Jejé, como que sigo "frito").

Aurora:

Bienvenida formalmente a esta su casa. ¿Que te reíste? Pero si era una tragedia...

Saludos

OA:

Me dejáste en el aire...

Un beso