viernes, julio 28, 2006


Amores de oficina


¿Por qué te fuiste? ¿Por qué me dejaste? ¿Qué hice, para merecer esto? Seco mis lagrimas y trato de ahogar mi desconsuelo en un océano de café.

Me pregunto si es que no fueron suficientes mis cuidados, mi protección. Te resguardé como a uno de mis bienes más preciados, eras parte importante de mi vida. Como extraño tu compañía, tus “servicios”, calentarte con mis manos cuando estabas fría.

Ahora son otras las que te calientan, ahora es otro el que te carga. No puedo evitar el odio en mi mirada.

El. ¿Por qué él? Y a pocos metros de mi...

¿Te fuiste por tu cuenta? ¿Te llevó a la fuerza? ¿Ofreciste pelea? O ¿Te entregaste sin resistir?

Ahora perteneces a él, ojala y le pase lo mismo. Que venga otro igual y haga justicia. Que le haga sentir las consecuencias de su mal karma. Que llegue un ángel vengador y te lleve de su lado. Entonces ya no serás ni mía ni de él, los dos nos quedaremos sin engrapadora, pero no importa. Él sentirá entonces en carne propia lo que sentí yo la mañana en que no te encontré en mi escritorio.

Y si fue tuya la decisión de escapar hacia otros espacios, entonces que el olvido y la indiferencia sean tu castigo. Ya conseguiré una nueva engrapadora...

2 comentarios:

Eduardo dijo...

Una grapa, saca a a otra grapa, intenta comprarte otra engrapadora a ver que tal.

Anónimo dijo...

Qué importa que se lleven el dispensador de teipe, los post-it, los bolígrafos, qué importa... pero la engrapadora es sagrada!