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-¿Aló?
-¡Aló! ¿Inocencio?
-Sí, para servirle.
-¡Es tu jefe!
-¡Jefecito, qué sorpresota! Dígame, en qué puedo serle útil jefe.
-Llamo para decirte que mañana tienes el día libre.
-¡Qué! Pe-pe-pe-pero jefecito, ¿y eso por qué?
-Porque para mañana, Dios mediante, estaré cumpliendo diez años en mi cargo.
-Caramba jefe, si es verdad, no me acordaba, jejeje…
-Así es, de manera que mañana estamos de júbilo.
-Que bueno jefe pero, dígame algo, ¿será conveniente tomarse el día, con el trabajón que hay?
-Eso no es problema Inocencio, acabo de decidirlo.
-Pero gran jefazo, acuérdese que la semana pasada le solicité un permiso no remunerado por dos horas, y usted me lo negó porque…
-¡Inocencio!, hueles a cheque de liquidación…
-Conchale jefe, pero no se me ponga así caramba.
-Tienes el día libre te dije ya, y si no te lo tomas, te voy a…
-Gracias jefezote, de verdad gracias por ese día libre. Ah, y felicitaciones…
-Gracias Inocencio. Por cierto, ¿tienes papel y lápiz a la mano?
-Si jefe, cómo no, aquí tengo mi libretita que nunca la suelto, y en la oreja el lápiz que tampoco me abandona. Dicte usted jefe.
-¡Ajá!, anota ahí.
-Umjú
-Mañana, a las 07:30 de la mañana, pasas por la compañía, y buscas una caja de franelas con el logo de la empresa ¿Estás anotando Inocencio?
-Si jefe, claro que sí.
-Okey. Una vez que tengas la caja de franelas, subes a mi oficina, revisas encima del escritorio, y tomas una lista de personas que está ahí, cada una con su número de teléfono celular. Las llamas a todas y que te indiquen por dónde las vas a pasar buscando. Luego agarras las llaves de la camioneta de pasajeros, y sales a buscar a toda esa gente ¿Me estás entendiendo?
-Si jefecito, clarito como el agua.
-A cada uno de ellos le vas a entregar una franela y haces que firme en la carpeta que encontraras en el asiento del copiloto de la camioneta. Después los llevas al galpón número 8 y les pides que por favor pongan cara de felicidad y la mantengan así todo el día si quieren recibir el bono de productividad.
-Sí jefe, así lo haré.
-Ya cerca del mediodía, te regresas al comedor de la empresa, y retiras los envases con comida que te van a dejar allí. Luego compras unos refrescos y te regresas al galpón. Por el dinero no te preocupes, ponlo que después la empresa te los reintegrará, en su debido momento ¿Me sigues verdad?
-Por supuesto que sí mi jefe.
-Ya en la tarde, revisas que los equipos de sonido y la tarima estén instalados, que haya buena música, y que la gente siga sonriendo.
-Entendido jefe.
-Verifica también con Alberto, el de administración, que seguramente estará allá para ese momento, que el grupo de samba y el de tambores, hayan sido contratados a tiempo para que no falten a la velada.
-Correcto jefe, así será.
-Dos cosas más Inocencio.
-Usted dirá jefecito.
-Llamas a Remigio, el chofer. Y le dices que me vaya a buscar a mi casa a eso de las 05:30 pm.
-Esa es una, ¿y la otra?
-La otra es que te asegures de que para el momento en que yo llegue, la gente no pare de aplaudir, corear mi nombre y pedir a gritos mi permanencia indefinida en el cargo.
-No se preocupe mi jefazo, que yo seré el primero en formar la algarabía.
-¡Cuento contigo Inocencio!
-No faltaba más jefecito, quédese tranquilo que ya tengo todo anotadito.
-¡Inocencio!
-Dígame jefe.
-Revisa también con Alberto, lo del hielo y las bebidas para lo de la noche, él ya sabe pero, tú de todos modos chequea con él.
-Tranquilo jefe, cuente con eso.
-¡Inocencio!
-Mande patrón.
-Que disfrutes tu día libre.
-Gracias mi jefazo. Por eso es que yo lo amo, porque sé que usted me ama, y amor con amor se paga…
-¡Inocencio!
-Ordene mi jefecito.
-¡Quita ya la cara e’ pendejo!
-Pero jefe, y cómo usted sabe que…
-¡Que la quites!
-Sí, jefe
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