miércoles, mayo 21, 2008

El Díptero Ramiro

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Ramiro entró al ascensor cargando con ocho bolsas repletas de comestibles, cuatro en cada mano. Marcó el botón correspondiente al piso en donde vivía con la punta de la nariz y, segundos antes de que se cerraran las puertas, entró una mosca y comenzó a revolotear a su alrededor. El insecto se posó en la nuca de Ramiro, sacó su prosbocide e inoculo un extraño líquido que rápidamente se disemino por todo su organismo. Ramiro se sentía mareado, su visión se nubló y los latidos del corazón eran tan fuertes que bien pudiesen haber sido detectados por el instituto de sismología. El ascensor por fin llegó al piso indicado. Ramiro salió jadeante y sudoroso, y además, con un ligero cambio en la distribución de las bolsas…

De la puerta del ascensor a la del apartamento de Ramiro, sólo había que dar quince pasos largos para llegar pero, esta vez, él no tuvo que dar ninguno. Simplemente voló hacia la puerta de su apartamento. Colocó las bolsas en el piso y, manteniéndose sobre sus cuatro brazos, se limpió el trasero con sus piernas. Luego sacó las llaves, abrió la puerta, tomó las bolsas y entró. Ya no sudaba, ni jadeaba, más se sentía enérgico, fuerte e inquieto. Luego de guardar las provisiones, comenzó a hurgar en la basura y extraer sobras de comestibles que ya habían pasado un buen tiempo allí.

La esposa de Ramiro salió de su habitación en bata de baño y con un potingue en la cara, y éste, en cuestión de segundos, se le abalanzó encima y comenzó a lamerle el rostro.

-¡Ramiro, déjame en paz! Apenas hacen veinticuatro días desde que, “estuvimos juntos” ¡Caramba!, no te soporto cuando te la das de “insaciable”.

Ramiro no hizo caso al reclamo y simplemente continuó recorriendo el cuerpo de su esposa, hasta que ésta lo espantó de un manotazo.

-¡Basta! Déjame en paz, me duele la cabeza ¿Trajiste todo?

Ramiro frotó sus cuatro manos, restregó sus ojos que ahora tenían una apariencia muy extraña, parecían mil pantallas de televisor en miniatura y luego, se regresó a la cocina. La mujer salió tras él y de un solo grito, le ordenó que se detuviera y se diera la vuelta.

-Tú estás muy raro. Déjame verte bien. Pero… Ramiro, tu ahora tienes seis extremidades y, unas alas traslúcidas y, unos ojos tan grandes que no sé si son para verme mejor y, ¿esa trompa Ramiro?

Moviendo su cuerpo para todos lados y restregando nuevamente sus ojos, Ramiro permanecía sin pronunciar ninguna palabra. No podía. Ante su esposa no era cosa rara pero, realmente ahora era porque literalmente, no podía pronunciar sonido alguno, sólo el zumbido que producían sus alas.

-Ramiro, has cambiado mucho desde que saliste a hacer el mercado. Y la verdad es que aunque me cueste admitirlo, creo que mejoraste un poco ¡Claro!, veo que ahora puedes cargar con más bolsas, ya no te hace falta el carro y, lo mejor de todo, más nunca me podrás venir con la estúpida excusa de que, “es que no lo vi…”

El buen Ramiro no decía nada, tan sólo se limitaba a posarse sobre sus extremidades delanteras y luego sobre las traseras, se sacudía el trasero y seguidamente, limpiaba sus exagerados ojos; una y otra vez. Iba de allá para acá y entre uno que otro movimiento, se pegaba del techo y volvía a bajar. Su mujer mientras tanto, se dirigía hacia sus aposentos para comenzar a planear el nuevo rumbo que sin duda tomarían sus vidas de ahora en adelante…

jueves, mayo 15, 2008

10.000



Diez mil visitas. Diez visitas fuertes a mi blog (¿será lo mismo, diez fuertes visitas?) ¿Quién lo diría? ¡Diez mil visitas! No saben cuánto espere por este momento. Y a decir verdad, yo tampoco sé por qué espere tanto. Es más, no tengo ni la menor idea de qué puede significar todo esto. Solo sé que ya mi blog alcanzó las 10.000 visitas. Sí, eso es, 10.000 visitas ¿Qué les parece? ¿No es genial? Creo que es lo mejor que me ha podido pasar, aun cuando no tenga claro el porqué. Quizás sea un gran acontecimiento, algo digno de celebrar. No son 1.000, ni 2.000, ni 3.000, son, 10.000 visitas, 10.000 visitas, ¡ojo!, repito: 10.000 visitas ¿Cómo les quedó ese monitor? No puedo describir lo que siento, es que… pareciera… es… es algo así como… como si no sintiera nada pero, pienso que si debo estar sintiendo algo; sí, a lo mejor es que de tanta emoción se me durmieron las terminaciones nerviosas. Bueno, en fin, me voy a festejar con todos mis amigos. ¡Ah!, y no me esperen despiertos… Diez mil visitas, diez mil visitas… sé que en algún momento saldrán las lagrimas, los gritos eufóricos y el desenfreno total, sí, deben estar cerca. Soy como un volcán… apagado pero, que pronto y sin que nadie lo espere, pudiera reactivarse y entrar en erupción. Sí, así es…

jueves, mayo 08, 2008

LA NUEVA CASA

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Para Caro y sus hijos...

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- Les voy a dar una excelente noticia. Ya tenemos casa.

Pablo Carlos y Eduardo Carlos se miraron con cara de preocupación.

- Otra de las de nuestra madre - exclamó el primer Carlos.

- ¿Y ahora qué? - preguntó el segundo Carlos mientras se cubría la cara con ambas manos.

- Si chicos, ya tenemos casa, pronto nos mudaremos. Y lo mejor de todo es que la hice yo misma.

Los Carlos guardaron silencio, se arrellanaron en el sofá de la casa de los abuelos y esperaron con resignación a que su madre les terminara de poner al tanto de su nuevo “proyecto”.

- Seguramente se habrán preguntado, porqué tantas horas de desvelo, esfuerzo e ingredientes invertidos en un número considerable de tortas.

- Para venderlas - respondieron en coro.

- ¡Exacto! Para vende… ¡NO! Qué vender ni que nada. Todos esos bizcochos los fui guardando para utilizarlos como bloques. Con la azúcar en polvo hice el pastillaje creativo que sirvió de friso para las paredes. El techo es de láminas de chocolate y las ventanas son de gelatina.

- ¿Y las puertas?

- De turrón.

Pablo Carlos y Eduardo Carlos no sabían si reír o llorar, si quedarse o, tratar de escapar en veloz carrera, lejos, muy lejos de los dislates de su madre.

- ¿Qué les parece? - preguntó emocionada la progenitora.

Eduardo Carlos, el más pequeño, con sonrisa maliciosa y mirando hacia el techo tomó la palabra:

- Bueno, ya tenemos la casa de pan. Faltaría decidir quién será Hansel y quién Gretel. Por la tonta bruja ni nos preocupemos.

Pablo Carlos aguantó la risa mientras su madre se quitaba el delantal y limpiaba un poco su cara, toda llena de harina y polvo para hornear.

- Noto cierto sarcasmo en tu comentario, Eduardo Carlos. Te sugiero que si tienes algo que decir, seas lo más claro y explicito posible. Ah, y nada de burlas ni risitas, esto que estamos tratando es muy serio, se trata de nuestro futuro hogar.

- Hogar, “DULCE”, hogar - canturreo Eduardo Carlos.

El otro Carlos volvió a contener la risotada y de un brinco se levantó del sofá para tomar a su madre por los hombros.

Madre -dijo antes de comenzar su lacónico discurso-, sabes que siempre te hemos apoyado, y lo seguiremos haciendo, pero por amor al cielo, cuándo uno de tus proyectos será forjado con sesos y no sueños.

- Ustedes no me quieren, no se dan cuenta de que todo lo hago por vosotros, infelices criaturas desalmadas, indolentes y con cerebro de pájaro. Ni siquiera cumplen con su inveterado y bíblico compromiso de honrar a su madre, que también es padre…

- Aquí vamos de nuevo- con hablar cansino y pausado, se levantó Eduardo Carlos y con el dedo índice de su mano derecha, le dio varios toques en el hombro a su madre para hacer que se volteara hacia él -. Querida madre, ¿recuerdas cuando fabricaste aquella casa de paja? En aquel entonces te advertimos de que cualquier hijo de puta podía venir y, soplar, soplar y soplar hasta derribarla. Pues recuerda también que así fue.

- Sí, y después hubo otro intento con una casa de madera – intervino Pablo Carlos -, que tampoco funcionó porque el mismo disociado nos encontró y repitió la gracia.

- Luego nos gastamos los ahorritos para construir una de bloque y cemento y… nos expropiaron…- dijo Eduardo Carlos.

Y fue así como continuaron evocando todos y cada uno de los intentos fallidos, para tener una vivienda digna.

- Lo último fue lo de encadenarnos a las puertas del Ministerio – dijo ya entre risas la madre.

- Y resultó ser el de Magia – complementaron a dúo los Carlos.

- Bueno, okey, ya tenemos vivienda propia pero, y qué vamos a hacer cuando la necesidad de satisfacer instintos tan básicos como por ejemplo, el hambre, se haga presente y no podamos apañar la situación con otros instintos no tan básicos, como por ejemplo…

- ¡Coño, ya Pablo Carlos! Qué más vamos a hacer. Con la “peladera” que se avecina, producto de la “no venta” de las fulanas tortas y, el gran desembolso que hizo nuestra genial madre para adquirir los materiales, no nos quedará otra que ir comiéndonos poco a poco la casa.

- ¡Pequeños hombres de poca fe! – exclamó la madre extendiendo los brazos al cielo-. Por cierto Pablo Carlos, ¿has notado el lenguaje tan soez que está utilizando tu hermano menor?.

- Si madre, creo que eso es por ver tanto a Naruto y al Avatar.

- ¡Arriba el colesterol! ¡Que suban los triglicéridos! – coreaban luego los Carlos mientras bailoteaban alrededor de su mamá.

- ¿Y qué hacer si llueve? – preguntaba uno de los Carlos.

- Pues, ojalá que llueva café, así acompañamos las tortas – respondía el otro.

- No me toman en serio, nunca me toman en serio – gimoteaba la madre.

- Vamos mamá, sabes que siempre estaremos contigo y que, juntos somos un gran equipo. Somos… somos como Los Cuatro Fantásticos.

- ¿Y quién es el cuarto integrante?

- Tu cabezota, que es tan dura como el hombre de piedra – respondió Eduardo Carlos para recibir luego un manotazo de su hermano.

- Basta ya, déjala en paz. Madre, tú eres nuestra luz, nuestra alegría y nuestro refugio. Así que, adelante madre, siempre hacia adelante. Como decía Agatha Christie, “…la vida es una calle de sentido único”- Le dijo Pablo Carlos, tratando de consolarla. Luego, unidos en un solo suspiro, los tres regresaron al sofá, y con hilos de esperanza comenzaron a tejer un nuevo sueño.





martes, mayo 06, 2008

El eclipse de Tomás

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Tomas, era un escéptico empedernido. No creía en mitos, ni en fantasmas, ni en leyendas; mucho menos en fenómenos paranormales. Cuando leyó acerca de supuestos hechos enigmáticos relacionados a los eclipses de luna, no escatimó en hacer gala de su incredulidad, “¡ja!, puras patrañas”.

-Para el día de hoy, se anuncia un eclipse lunar. Me parece que es buen momento para ver y, creer -. Le comentaba Tomas a su esposa.

–Dicen que comienza a las nueve, de manera que me instalaré en el patio de la casa, al aire libre para poder presenciar cualquier “fenómeno” en primera fila –. Continuaba.

-Ay Tomas, uno de estos días… uno de estos días… -. Sentenciaba la esposa.

Llegado el momento, Tomás dispuso todo lo que creyó conveniente: cava pequeña con refrescos, bolsas de papitas, silla plegable, binoculares, cobija para el frío, papel, lápiz y, la compañía de su fiel perra San Bernardo.

La nívea y resplandeciente luna, poco a poco se fue tiñendo y su aspecto cambiaba al pasar los minutos. Tomás seguía con perplejidad el proceso sin dejar escapar detalle hasta que… la oscuridad se apoderó no solo del cielo, sino también de su mente y de sus sentidos haciéndolo caer en un profundo sueño.

A la mañana siguiente, Tomás despertó sobresaltado y con la extraña sensación de que “algo” había sucedido. Se encontró acurrucado sobre la silla plegable. Su fiel perra San Bernardo lo miraba con querencia. Una serie de imágenes comenzaron a suscitarse dentro de su cabeza, como si se tratase de varios trailers de películas, uno tras otro de manera continua.

Escenas del Show de las Muppets muy subidas de tono (pornográficas, para ser exactos). Lobos retozando en la pradera en época de celo. Un hombre desnudo restregando su cuerpo contra una alfombra de peluche. Sí, todo era muy extraño. Volvía a lanzar una mirada a su perra y ésta, se la devolvía con una agradecida sonrisa. Y es que hasta eso le pareció ver a Tomás, que su perra le sonreía.

Tomás no entendía nada, el único recuerdo coherente que conservaba era el de estar observando el eclipse y, las palabras de su esposa: “Ay Tomas, uno de estos días… uno de estos días…”


lunes, abril 28, 2008

SHORTS

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Aguacate y Palmito eran la comidilla del día. Su operación de contra-inteligencia fue un fracaso total. En la mesa, todos comentaban el incidente mientras ellos, cual avestruces, buscaban en dónde hundir sus cabezas. Misia Zanahoria y Don Petipua, los miraban con recelo. La señora Aceite y su esposo, el señor Oliva, intentaban cambiar el tema. La señorita Cebolla fue menos discreta, así que con lágrimas en los ojos exclamó:
-¡Tenemos unos infiltrados!
-Ya decía yo que esta mezcla era muy rara -. Opinó Don Petipua.


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Al enterarse de que pronto se produciría un eclipse lunar, el Sr. Samsa se emociono muchísimo ya que había leído en su horóscopo a principio de año que, la ocultación del astro traería para él grandes cambios; una especie de metamorfosis…


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El mago anunció: “No tengo nada que esconder”, y alguien del público preguntó: “¿Y entonces, cuál es el truco?”


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Walter se preguntaba, por qué era tan importante llevar esas chaquetas y el edredón a la tintorería, comprar el periódico, preguntar en la esquina a ver cuándo pensaban enderezarla para convertirla en una recta, pasar por la carnicería y dejar el pedido, no llegar tarde a la oficina porque ya se tenían cuatro amonestaciones y, a la quinta habría que prepararse para una sexta, revisar los resultados de la lotería, pasar al mediodía por la carnicería (¿cómo que para qué?, para recoger el pedido que se dejó en la mañana), buscar a los niños en el colegio, comprar leche, decirle a la conserje que el pasillo estaba sucio y, hablar con el vigilante del edificio y reclamarle por lo que sea que haya pasado, total, para eso están los vigilantes de los edificios…


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La luna le sonreía mientras cambiaba su semblante, y él, enseguida intuyó que pronto dejaría de verla…


jueves, abril 24, 2008

Cuidado con las chapas

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Voy caminando tranquilamente por la calle, observando la parte trasera de los pantalones que usan algunas mujeres –la ropa y sus curiosas formas siempre han llamado mi atención-, cuando de pronto, me topo con un singular sujeto que porta una chapa guindada en su chaqueta, a la altura del corazón. La chapa tiene un fondo blanco, y en letras rojas lleva inscrita la siguiente frase: “¿Quiere perder peso? Pregúnteme cómo”. Dejándome llevar por el fisgoneo, me le acerco al personaje y leo en voz alta el mencionado texto, luego, con cara de agente tributario demando su atención y le digo: “A ver, explíqueme cómo”. El muy granuja saca una pistola y me responde: “Comience por entregarme el celular, la cartera, el reloj, el anillo y la cadena”.

El método es un tanto agresivo, pero no puedo negar que en escasos minutos, perdí aproximadamente unos novecientos gramos. Como podrán inferir, la curiosidad muchas veces, te puede hacer perder peso, así que ya lo saben… ¡Ah!, y cuidado con las chapas.




martes, abril 15, 2008

¿Energía negativa, mala suerte o, buena guía?

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Cuando en mi casa se daño la lavadora, la secadora, la freidora, la tostadora, la licuadora, la batidora, la escaladora, la caminadora, la contestadora, la administradora y, la olla mondonguera - a partir de allí se partió la manguera, comenzó a gotear la regadera y se quemó la parrillera-, comencé a preocuparme, no sólo por el resto de los sufijos sino también por mi suerte. Claro, y es que cualquiera diría, “¡Caramba, pero que mala suerte tienes!”, o “¿Pero todo a la vez? ¡Recórcholis, que mala suerte!”.

La cosa de verdad que parecía grave, y no faltó quien opinara acerca de la presencia de energías negativas o, “mala vibra”. Hasta llegué a pensar que no me quedaría otro camino que recurrir a Paulo Cohelo, para ver si algún sabio o, maestro, o discípulo, o mago, o brujo, o prostituta, le había enseñado algo al respecto y éste a su vez, me lo retransmitía por medio de uno de sus escritos.

“Feng Shui” (¡santos símbolos y animalitos chinos, Batman!) Esa fue otra posible solución aportada por algunos allegados –ya había pensado en unos “ramazos”, pero me llamaron ignorante y anticuado-. Lo cierto es que me preparé cual niño Jesús, para recibir incienso y mirra y de esta manera inundar mi casa con humo purificador y exorcizante. Por cierto, si algún día se les ocurre poner animalitos chinos en su casa, procuren que de verdad sean “Animales Chinos”, es decir, no hagan como yo que para salir del paso, compré un tigrito, sí, pero de esos que usan los taxistas. Conseguí el perro y la rata, y de verdad que se veían ridículos los tres bichos esos moviendo la cabeza para todos lados. Ah, y en frente les puse un gato que parecía un fiscal de transito (“eso es plotección”, dijo el maracucho que me los vendió, haciéndose el chino).

¿No será que te pusieron un trabajo? Trabajo el que tenía que pasar para mandar a arreglar todo. Trabajo el que estoy pasando con la cantidad de “peroles” dañados. Trabajo el que me costó entender que ciertamente es cuestión de energía… la mía.

No sabría explicar el porqué de repente todo se daña en una casa, sin respetar un orden, sin seguir una secuencia lógica, o sin establecer prioridades, creo que eso se lo voy a dejar a Fraga, a León o al mismo Cohelo. Tampoco sé si les habrá pasado, pero cuando salí a la calle y grité a los cuatro vientos, “por qué señor, por qué a mi…”, de vaina y me golpeo la cabeza con una guía telefónica que cayó del cielo.

Estoy esperando la llegada de los “sabios”, o mejor dicho, de los técnicos que comencé a llamar y que poco a poco irán desfilando por mi casa, dejando todo reparado a su paso, reestableciendo el orden y poniendo a circular nuevamente la buena “vibra”. Razón y verdad tienen las sabias palabras de mi querida esposa: “¡Coño, llama al técnico… nojoda!”. Tan linda, ella sí que tiene energía. Y yo la buena suerte de contar con buenos reflejos porque, de verdad que la guía telefónica venía con todo… Los dejo, están llamando a la puerta, debe ser uno de los técnicos…








lunes, marzo 31, 2008

¡Creatividad! ¿Con qué se come eso?

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Oscar Marcano
Edda Armas
Juan Carlos Méndez Guédez
Roberto Martínez Bachrich
Juan Carlos Chirinos
Carlos Zerpa
María Celina Nuñez
Enrique Enriquez
Enza García
Roberto Echeto
Rolando Peña
Joaquín Ortega
Lena Yau...

Todos ellos respondieron las preguntas de los hermanos Chang

y nos contaron sobre el trabajo creativo...


Que los disfruten...


LOS HERMANOS CHANG (Y QUE) CREATIVOS


http://www.hermanoschang.blogspot.com/

miércoles, marzo 26, 2008

Días...

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Existen días, cuyo amanecer trae consigo una extraña sensación de malignidad e irreverencia. Son esos días en los que él, se aparta de la manada; porque su humor y olor cambian, entonces no lo reconocen los otros, ni siquiera él mismo. Justo en ese momento es cuando prefiere vagar solitario por el bosque, explorar solo, andar sin compañía. En ese estado, no le reza a Apolo, su dios; porque se acusa impío, indigno.

Camina con la cabeza gacha, pero no por timidez ni sumisión, sino para esconder sus colmillos. Su hocico no está para lamidas, ni carantoñas, pero si para morder y hacer daño, por eso lo mantiene cerrado. Al abstraerse, evita perturbar su entorno. Prefiere huir hacia la montaña, buscando paz y sosiego -para él y para el resto-, y así calmar su iracundo espíritu.

Por ahora olvida el placer que brinda el roce de la suave brisa en su lomo, la fémina fragancia de las flores, el sabor sanguinolento de la carne fresca; el éxtasis que se consigue al retozar y refocilarse. Deja pasar todo eso y se hace a un lado.

“La felicidad es cosa de humanos, no de lobos…” - Piensa, mientras le gruñe al viento.
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lunes, febrero 25, 2008

IMAGINARIUM

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Mi infancia fue pobre en amigos, pero rica en imaginación. De allí que la mayoría de los entes con los cuales interactuaba, fuesen de esa misma naturaleza. Del porqué, es otra historia…

Algunos de ellos se niegan a dejarme. Sobreviven al tiempo, la madurez y el raciocinio; y eso que se los he pedido en innumerables ocasiones.

-Muchachos por favor, miren que a nadie la parece bien ver a otro hablando solo en la calle. Enseguida lo catalogan de orate y, yo ya estoy muy viejo para eso…

“¡De aquí no nos vamos!, ¡aquí nos quedamos! ¡De aquí no nos vamos!, ¡aquí nos quedamos!”

Una gorda alta pelirroja y barbuda (ella insiste en que es mi tía). La enana que parece un clon de Nina Hagen. El muchachito con pinta de monaguillo que jura y perjura ser mi conciencia y, el misterioso hombre de capa y armadura que nunca dice nada.

Cualquier psicólogo tendría una muy buena explicación para cada caso, pero la verdad, me tiene sin cuidado. Yo simplemente espero a que algún día me hagan caso y se vayan. Mientras tanto disfruto -o sufro-, de su compañía.

Lo cierto es que de cualquier modo, eso de las amistades virtuales o imaginarias, ha permanecido y, ahora con el cuento de la Internet… la cosa da para más.

Digamos que en la actualidad, este servidor, ungido por la beligerancia, subversividad e impunidad que rigen en estos tiempos, ahora más bien se jacta y regodea de ciertas y determinadas camaraderías que vaya usted a saber qué tan reales son.

-Sabes que estuve leyendo en la revista del domingo, un artículo acerca del día de los enamorados ¡Ese Roberto Echeto sí que es loco vale! ¿Él es amigo tuyo, no?

-¡De bolas! – Respondo al tiempo que escupo en el fregador y me rasco en la entrepierna.

-¿Y es siempre así?

-¡Jeje! Por qué crees que es mi amigo. Cada vez que nos encontramos, me hecha unos cuentos que…

-De verdad que está loco.

-Imagínate que tiene una Jirafa de mascota.

-¿Tú la has visto?

-¡De bolas! – Vuelvo a escupir y a rascarme.

-¿Y qué es de la vida de Fedosy? Tienes tiempo sin nombrarlo, ¿están peleados?

-¡No chica!, ¿tu eres loca? Él y yo somos como sobaco y desodorante-. Ahora me sueno la nariz, haciendo que mi mujer se aparte y arrugue más el entrecejo.

-No te voy a pedir que aclares, ni siquiera me interesa ya qué carrizo quisiste decir con eso.

-Complemento vale, complemento. Ayuda. Yo siempre le estoy dando tips y recomendaciones, tú sabes, él está empezando, hay que ayudarlo.

-¡Claro! ¡Claro!

-Aunque su mayor problema es el carácter. Ese tipo sí que es violento. La otra vez le rayó el capó de la moto a un motorizado, y creo que hasta le partió el parabrisas.

-¿A un motorizado?

-Ajá – y sigo asintiendo con la cabeza mientras engullo un trozo de jabalí asado con mucha salsa picante.

-¡Capó y parabrisas! ¿Una moto?

-¡Claro!, guante y pelota mamá: motorizado…

-¡…! ¿…?

-Nunca entiendes nada chica…

-Ni yo ni nadie mijito… ¿En la caja donde viniste, no había un manual de instrucciones?

-¡Ay, qué risa! ¡Qué chiste! Estás que quemas…

-Por cierto, ¿conseguiste el libro de Israel Centeno, cómo es que se llama, “Chispas”?

-Bengala chica, bengala, no seas bruta. Y no, no lo he conseguido.

-¿Y por qué no te lo regala? Según tu, él es como tu hermano...

-Porque no. Porque él sabe lo orgulloso que soy. Además, yo soy un hombre chica, qué te pasa. No, no, no, no, yo me compro mi vaina- respondo con cara de arrecho, ella entiende inmediatamente que me ha incomodado y baja la cabeza.

-He visto su foto en el blog y, se me parece un poco al Dr. House.

-¿Quién demonios es ése? ¡Ah!, ya sé. Debe ser un personaje de alguna de esas novelitas pajúas que te tengo prohibido que veas- le increpo después de sorber un buen trago de cerveza bien fría, para luego eructar como un hipopótamo.

-De tus amigos el que más me gusta es Urriola; por las cosas que escribe debe ser muy inteligente y sensible.

-No vale, si ese es otro cascarrabias.

-¿Estás seguro?

-Tan seguro como que esta noche te doy lo tuyo – afirmo mientras me acomodo el pantalón.

-Pero no parece.

-¿Quién lo conoce como a sus tripas, tú o yo?

-Si bueno yo sé, pero…

La lista sigue. Tengo además amigas periodistas, información veraz es lo suyo (y un buen cuento de vez en cuando). Dos personajes muy especiales: Una mezcla entre Strawberry Shortcake y Aeón Flux y, una esfinge de mármol blanco con cabeza de león que escribe hermosas poesías y vive en una nube. Ah, y uno que otro duendecillo que se aparece de repente por allí. “¡De aquí no nos vamos!, ¡aquí nos quedamos! ¡De aquí no nos vamos!, ¡aquí nos quedamos!”. Amigos imaginarios a estas alturas, ¡ja!, quién lo diría…

-Supongo que el lenguaje soez, la chabacanería y la actitud machista, también son parte de tu imaginación.

-Desde luego que sí, pichoncita.

-Eso espero.

-Sí mi tesoro.

-¿Vas a preparar la cena?

-Claro mi ternerita.

-Y después de comer, a la cama temprano. Por esta noche, nada de Internet.

-Lo que tú digas cielo.

¿Realidad o ficción? Dicen por allí que: “La imaginación nos hace dueños de nuestra vida” Y “Del imaginar viene el existir, por eso nos podemos preguntar: Si no imagináramos, ¿existiría todo esto?”. De mis conversaciones con Nina Hagen (el clon en miniatura), han surgido cosas muy interesantes. De las que he sostenido con Israel Centeno también pero, ¿cuál de ellos es real? No sé… a veces me pierdo en ese gran imaginarium que es mi cabeza.


-¡Que apagues esa computadora!... Y ya deja de estar hablando solo.