martes, septiembre 04, 2007

El Sin Vesícula
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"Final Fantasy"

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Umjú, “Final de Fantasía”. Nada que ver con la película, es solo que todo esto en realidad parece ser parte de una fantasía. Me refiero a que: en qué lugar del mundo, alguien asume una postura, otro una distinta, se enfrentan, el resto se constituye en subgrupos, cada uno defendiendo sus intereses de manera individual. Encima, ninguno se pone de acuerdo, no llegan a nada, de manera que quienes salen ganando son los que “pescan en río revuelto”.

Este planteamiento no puede ser más que una fantasía. Sin embargo, pasa. Sí señores, pasa al menos en esta historia que finalmente, termina.

Un final de fantasía porque nadie se puso de acuerdo, y en consecuencia, cada quien resolvió hacerse un final a su medida. Por eso, mis queridos y pacientes lectores, es que esta historia, arrancada de la vida misma, verídica, que le pudo haber ocurrido a usted; o a usted que está sentado cómodamente en esa silla, leyendo y tratando de entender mientras se come una arepa frita con mantequilla, pernil y tocineta, e ingiere grandes cantidades de malteada de chocolate sin pensar en el daño que le está haciendo a su vesícula, no puede tener más que un desenlace fantasioso, irreal.

Todo gracias a un grupo de disociados que no logró nunca ponerse de acuerdo. Pero tranquilos, eso no pasa en la vida real (digo, lo de que nadie logre conciliar y, obviando intereses comunes, decida tomar su propio camino).

Este es el final, según el escritor:


Norberto despertó en la habitación número 13 de la clínica. Estaba adentro de la bañera, llena de agua fría y muchos cubos de hielo. Moría de frío y casi no podía moverse, pero con suma dificultad logró levantarse y salir de allí. Frente al espejo, notó que tenía una gran cicatriz por encima del ombligo. Con horror, leyó la nota que dejaron escrita sobre el mismo espejo, con lápiz labial: “Bienvenido al mundo de los Sinvesícula”.

Rosa Magenta y Flojazo, al ver aquello, salieron corriendo pensando que podían escapar por algún pasaje secreto. Bajaron al sótano y encendieron la luz, cuando llegaron a una extraña puerta, se produjo un apagón que duró escasos minutos. Al voltear, Rosa se percató de que Flojazo había sido ahorcado con un estetoscopio. Presa del pánico, abrió la extraña puerta, encontrando a “Sebastián” y a “Huckleberry”, convertidos en momias.

En un intento desesperado, Rosa subió las escaleras, corrió por un pasillo y llegó al cuarto de enfermeras, abrió la puerta y adentro, la estaba esperando una misteriosa mujer con aspecto sicótico y vestimenta gótica, “quiero beber tu sangre”; al oír esto, Rosa escapó esta vez hacia la cocina, en ella, la esperaba el portero enjuto con una máscara de jockey cubriendo su cara de preservativo usado y un gran machete en la mano. Con increíble destreza, Rosa huyó por la derecha, llegó a la sala de espera de la clínica, se topó con su hija Mefistófela, ésta la abrazó y sin miramientos, le clavó una daga en la espalda.

De la oscuridad, salió el Dr. Quénoche. Abrazó a Mefistófela y regresaron a la oscuridad.

FIN.


El final, según el narrador:


“Huckleberry” y “Sebastián”, luego de acabar con todo el inventario de alcohol isopropílico que había en la clínica, decidieron jugarle una broma al pobre Flojazo. En vista de que se encontraba dormido en una de las camas de la sala de emergencias, tomaron un buen lote de vendas y comenzaron a envolverlo, dejándolo convertido en un tampón gigante. Después, se fueron a la sala de recuperación. Norberto ya había sido operado de la vesícula; entonces, el par de “borrachines”, colocaron varios preservativos llenos de gel (del que utilizan para realizar los ecosonogramas) guindados en la pared y escribieron una nota bien grande que decía: “Norber, adivina cuál es tu vesícula, cabrón...”.

Rosa Magenta volvió a llamar a su hija Mefistófela, y ésta le contestó que aún no estaba lista (después de siete horas). Rosa le lanzó un ultimátum y la hija rechistó con otro, “Rosa, si dejas que me haga un tatuaje, estaré allí en menos de veinte minutos. Y si permites que además me ponga un piercing, llego en menos de quince”. Rosa respiró hondamente, realizó un movimiento que hizo sonar las vértebras de su espalda y le respondió, “te voy a dar un puntapié en el plexo sacrocoxígeo para ver si se te quitan todas esas pendejadas. Me haces el favor y te vienes ya. Y para la próxima, madre, dirígete a mi como, madre”, “Sí Rosa, lo que tú digas”.

El Dr. Quénoche, cansado de esperar porque comenzara “la acción”, tomó su motosierra, subió a la oficina del escritor y cerró la puerta con llave (ñaca, ñaca, ñaca).

FIN.


El final, según Rosa Magenta:


Finalmente, Norberto de Jesús Santos Umpierres Acosta Martínez y Calero, fue operado. ¿El resultado? Más que satisfactorio. No sólo le extirparon la vesícula, sino que le engraparon el estómago, le hicieron una liposucción, una lipoescultura, una abdominoplastia, una rinoplastia y una pequeña cirugía plástica. Ahora Norberto posee los mejores atributos de: Chayanne, Ricky Martín, Brad Pitt, George Cloney, Alejandro Fernández y David Beckham.

Pero hay más: ahora no ronca, no le gusta el alcohol, únicamente ve Casa Club TV, y lee Vanidades y Cosmopolitan porque según él, “quiere aprender a darme placer y hacerme feliz en diez lecciones”.

El Dr. Quénoche en realidad era el Dr. 90210 (Robert Ray), por eso le aplicó ese pequeño “refrescamiento” a mi adorado Norberto. A Mefis y a mí, nos hizo unas lindas “boobies”. He decidido enviar a mi hija a un certamen de belleza. En lo sucesivo pasará a llamarse Clara Cristhina, usará tacones y le gustará el color fucsia. ¡Ah! y siempre, siempre se referirá a mí como “madre”, qué linda es.

El escritor y el narrador, volvieron a ser amigos. Están preparando una nueva historia con Flojazo de protagonista. Contrataron al resto de los personajes y me parece que viajaran a Irak, Burkina Faso o Madagascar, no sé.

Norberto, mi hija y yo, regresaremos contentos y felices a casa, a recuperarnos y esperar por un nuevo contrato (pero esta vez, nada de sangre...).

FIN.


El final, según Mefistófela:


Al llegar a la clínica, la puerta principal estaba entreabierta. De pronto, comenzó a sonar la música de “System of a Down”, entré rápidamente, encontrándome con que todos se habían convertido en zombis. Me dirigí hasta el automóvil de flojazo y saqué dos envases llenos de gasolina y el encendedor eléctrico. Rocié todo el lugar y arrojé el encendedor. Un formidable incendio se produjo de inmediato, consumiendo todo el edificio y a quienes estaban adentro. No hubo sobrevivientes y finalmente, pude hacerme el tatuaje y colocarme el piercing que tanto anhelaba.

Dead, Blood and Rock... y nos vemos en el infierno.

FIN.


El final, según Flojazo:


La situación se tornaba peligrosa. Rosa Magenta había desaparecido. Estaba claro que el Dr. Quénoche y sus secuaces, no tenían buenas intenciones. La vida de su mejor amigo estaba en riesgo y, una dulce e inofensiva niña estaba por llegar a la clínica. “Demasiadas vidas que proteger”, pensó nuestro héroe, así que se dirigió a su automóvil y de la maleta, sacó una escopeta recortada, un par de pistolas automáticas, un Winchester con el cañón negro, la culata blanca y la recámara plateada, una ametralladora, varias “panelas” de C4 y detonadores, un puñal con sierra, sacacorchos, lima y exprimidor de limones que compró en la feria colombiana (venía con un limpia vidrios). Ya apertrechado, tomó su teléfono celular e hizo varias llamadas. El equipo de asalto había quedado conformado. “Sólo los mejores”, se dijo Flojazo a sí mismo.

En cuestión de minutos, un helicóptero aterrizó en el techo de la clínica. De él salió un escuadrón S.W.A.T bien equipado con armas y aparatos de sofisticada tecnología. Abajo, se estacionó una Hummer negra de donde bajaron Blade, The Punisher, Nikita, Tiro Loco McGraw y Pepe Trueno. Todos esperando la señal de Flojazo para irrumpir en el recinto y rescatar a sus amigos.

La batalla fue cruenta. Del sótano de la clínica, liberaron un ejercito de vampiros y hombres lobo. De la morgue salió un nutrido grupo de zombis. En la cocina, un contingente de cadáveres de pollos desplumados, tomaron cuchillos y tenedores y se alzaron en armas a la vez que gritaban “venganza”. En el equipo de los buenos, comenzaron a producirse bajas. El comando S.W.A.T. se estaba debilitando. Nikita, luego de descabezar a un zombi, se le acercó a Flojazo y le recomendó pedir refuerzos, no sin antes advertirle que llamara a cualquiera menos al Súper Agente 86, en la última misión todo fue un desastre por su culpa.

Flojazo sacó su lista de refuerzos y empezó a leer: Eva Longoria, Eva Méndez, Michell Rodríguez, Roselyn Sánchez...

Nikita le asestó un codazo en el costado izquierdo a Flojazo y éste entendió la indirecta, “ya sé, necesitamos a los pesos pesados”. Marcó varios números de su celular, al igual que la vez anterior, habló y después colgó, regresando a la batalla. De la sala de neonatos de la clínica, comenzó a salir un batallón de “Chuckys”. El equipo de los buenos empezó a retroceder, cuando a lo lejos:

“Doko ni dare kawa
Shiranai keredo
Daremo ga ninna
Shitte iru

Gekko kamen oji sawa
Seiji no mikata iihitoda...”

Sí señores, si la cantaron bien ya saben de quien se trata. El Capitán Centella, así es, y detrás de él, más unidades del escuadrón S.W.A.T. Los traseros de los malos volaban por lo aires. La victoria estaba asegurada. El Dr. Quénoche fue atrapado y el Capitán Centella no se sorprendió al confirmar que realmente se trataba del malvado Garra de Satán. Flojazo sacó del edificio a sus amigos y agradeció a todo el equipo por el esfuerzo realizado. Cuando finalmente llegó Mefistófela y Flojazo le contó lo sucedido, ésta exclamó, “más fiiiiinoooooooo...”


FIN.

El Dr. Quénoche quedó conforme con el final del escritor, además, ya había obtenido lo que quería, la vesícula de Norberto.

“Sebastián” y “Huckleberry”, ya de por si estaban contentos, con cualquier cosa, con lo que fuese. Al menos hasta que se les pasara la borrachera.

Este humilde servidor, considera que con su intromisión circunstancial y accidental, ya fue suficiente. Así que señores, esto final y oficialmente es el...


FIN.

3 comentarios:

Isa dijo...

ratoncito, finales alternativos, como diría mefistófela "más fino!"

Eduardo dijo...

Todo el mundo contento. :)

Cada loco con su tema, y estilo ¿eh?

Por fin resolvimos todo esto de la vesícula. Jejejeje

Suerte "Bro"!

Lemur dijo...

Gracias amigos, por haberme acompañado en esta aventura...

Saludos